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Con la profesora (parte final)
Fecha: 20/07/2026, Categorías: Grandes series, Autor: glupo, Fuente: CuentoRelatos
... que nos estábamos dando, apagó nuestros gemidos. Después de corrernos juntos, por última vez, nos quedamos así, abrazados, ella encima mío, mi pene aun dentro de su vagina, mis manos en sus nalgas. De su vagina chorreaban nuestros fluidos, embarrando mi pelvis, mis muslos y la cama. Después de unos minutos sentados así, abrazados, sin querer soltarnos nunca más, se levantó, comenzó a alistar sus cosas, completamente desnuda. Yo hice lo mismo. Lo hicimos en silencio. Terminamos de alistar nuestras cosas y nos quedamos parados mirándonos unos segundos sin decir nada. -Creo que esto es todo –dijo tristemente– te voy a extrañar mucho. -Yo también –respondí– me gustaría seguir contigo todo el día, pero creo que ya me dejaste seco. Espero estés igual de satisfecha. -Claro que sí, ya te dije que nadie me ha hecho correrme como tú. Nunca –respondió ella. -A mí me encanta como te corres –dije– podría ver cómo te corres y lanzas chorros todo el día. -Entonces ven y hazme correr una última vez –dijo sentándose en el sillón, abriendo las piernas. -No creo que pueda hacerlo otra vez, pero puedo hacértelo con la boca y los dedos –dije, acercándome. Me arrodillé frente a ella, me acerqué a su vagina, que aun tenía restos de la anterior corrida, y comencé a pasar mi lengua por su vagina. Lamia de arriba hacia abajo, saboreando cada centímetro. Movía la punta de mi lengua rápidamente por su clítoris, haciendo que se estremezca y lance suaves gemidos. Metí dos dedos y ...
... los moví dentro de ella, sentía como se mojaba cada vez más. -¡que rico la chupas! Me encantan tu lengua y tus dedos –dijo gimiendo cada vez más fuerte– ¡sigue! ¡no pares! ¡por favor! Seguí metiendo dos dedos dentro, mientras lamia y succionaba su clítoris. Estaba muy mojada. Sus gemidos se hacían cada vez más fuertes. Estaba como loca, temblaba, se contorsionaba, movía sus caderas, acompañando los movimientos de mis dedos. Me levanté y comencé a mover mis dedos con fuerza y muy rápido dentro de ella. Comencé a sentir que se estaba por venir. -¡Ahhh! Me vas a hacer correr. Estoy a punto de explotar –gritó– ¡no pares! ¡sigue, puto! ¡ahí viene! ¡siii! Saque mis dedos y salió un chorro gigante de su vagina. Me agaché, puse mi cara frente a su vagina y comencé a frotar su clítoris con la yema de mis dedos rápidamente. Salieron varios chorros más, directos a mi cara. Abrí la boca y me tragué una buena cantidad de su corrida. Ella seguía gritando desesperadamente. -¡Ahhh! ¡para, por favor! ¡ya no puedo maaas! –suplicó, mientras su corrida inundaba mi boca y mi cara. Me detuve y se desvaneció en el sillón. Yo caí sentado en el piso, frente a ella, tratando de grabar en mi memoria la imagen de Patricia lanzando su corrida a mi cara. Se arrodilló frente a mí, se acercó y me lamió la cara limpiando su corrida. Nos besamos apasionadamente por unos minutos más. Después de eso nos levantamos, nos aseamos, nos vestimos y nos fuimos al terminal de buses. Patricia compro ...