1. Soy una ninfa ninfómana 🔥 - Parte 2


    Fecha: 21/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Anitanga89, Fuente: TodoRelatos

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    Pasaron tres días desde aquella noche.
    
    Tres noches en las que no pude dormir sin pensar en ellos. En él. En su voz. En su gemido final. En cómo la follaba como si quisiera vaciarle la vida dentro. A veces cerraba los ojos y volvía a escucharla gritar, sentir cómo mi cuerpo reaccionaba solo, mojándose, latiendo… Y a veces, sin que yo lo buscara, mi mano bajaba otra vez, como una autodefensa, como si mi cuerpo dijera: “vamos, una más, no te hagas la digna”.
    
    Pero lo que más me obsesionaba era no saber quién era. ¿Quién era ese hombre? ¿Y esa mujer? ¿Pareja? ¿Follamigos? ¿Un polvo casual? Y lo más importante: ¿me habían oído?
    
    Hoy, al bajar con la basura, lo supe. Lo vi.
    
    Estaba subiendo las escaleras, con una bolsa de papel bajo el brazo y una camiseta blanca pegada al torso por el calor. Alto. Moreno. Mandíbula marcada. El tipo de hombre que camina como si supiera follar. Ni rápido, ni lento. Seguro. Peligroso.
    
    Lo supe sin margen de error. Era él.
    
    Lo reconocí por la voz. No el gruñido —ese que me había hecho venirme con solo oírlo—, sino por una risa baja que dejó escapar al tropezar con un escalón. Igual que la que había escuchado después del polvo, la misma que me llegó como un eco mientras me limpiaba las piernas empapadas en mi cama.
    
    Nuestros ojos se cruzaron en el segundo piso. Yo bajaba, él subía. Silencio absoluto. Él me miró. No como se mira a una vecina. Me escaneó. Sus ojos bajaron por mi ...
    ... cuerpo con miradas rápidas, como si se permitiera desvestirme sin culpa. Yo llevaba unas mallas negras ajustadas y una camiseta ancha sin sujetador debajo. Los pezones se marcaban, y yo lo sabía. También lo sabía él.
    
    Nos quedamos así. Frente a frente. Sin moverse.
    
    —Hola —dijo finalmente, con una voz que ya me había hecho gemir sin tocarme.
    
    —Hola —respondí, algo más seca de lo que esperaba. Me temblaron un poco las piernas. Y otra cosa también.
    
    —¿Piso…?
    
    —Tercero A.
    
    Asintió. Ni una sonrisa. Solo la mirada, firme, directa.
    
    —Yo el cuarto A.
    
    Por si quedaban dudas. La pausa después fue corta, pero espesa.
    
    Él me sostuvo la mirada. Bajó un milímetro la cabeza. Sonrió, apenas. Ni educado, ni simpático. Una sonrisa como una llave: corta, torcida, sucia. Una que decía yo sé lo que hiciste esa noche.
    
    Y luego siguió subiendo. Sin girarse. Sin prisa. Me quedé parada en el descansillo, la bolsa de basura colgando de mi mano, los muslos apretados sin darme cuenta.
    
    Él no me dijo nada más. Y sin embargo… me lo dijo todo.
    
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    Me quedé pensando en su mirada todo el día.
    
    No era la de un hombre cortés. Ni la de uno nervioso. Era la mirada de alguien que, si quisiera, me follaría contra la pared del descansillo sin decir una palabra. Y yo... no haría nada por impedirlo.
    
    Ese tipo de hombres me perdía. Y ese, el del cuarto A, ya me tenía. Desde antes de saber cómo se llamaba. Desde el primer gemido que le oí provocar.
    
    Por ...
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