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Soy una ninfa ninfómana 🔥 - Parte 2
Fecha: 21/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Anitanga89, Fuente: TodoRelatos
... eso, cuando subí con las compras esa tarde, no cerré bien la puerta. La dejé entornada, como si se me hubiera olvidado. Me duché. Lenta. Espuma entre las piernas, agua caliente y pensamientos sucios. Al salir, me puse solo una toalla. Sin bragas. Sin sujetador. Solo esa tela fina blanca atada flojo, amenazando con desanudarse y dejarme expuesta en cualquier momento. Caminé hasta la cocina, con la puerta del piso aún entreabierta. Y entonces… ocurrió. Escuché pasos en el rellano. Una pisada seca. Dos. Se detuvo frente a mi puerta. Lo supe. Su respiración también se escuchaba si uno prestaba atención. O quizá era mi deseo fabricando pruebas. No dije nada. Me agaché a guardar unas botellas de agua en el mueble bajo del armario, de espaldas a la entrada, dejando la toalla subir ligeramente por encima del culo, apenas cubierta. Y ahí me quedé. Doblada. Expuesta. El coño desnudo, húmedo, apretando por una atención que no llegaba. Esperé. Unos segundos. Un minuto. Y entonces, como si el universo jugara conmigo, escuché cómo los pasos seguían. Se alejaban. Volvía a subir las escaleras. Sin haber entrado. Sin haber dicho nada. Pero me había visto. Estaba segura. No por intuición femenina, no. Porque cuando fui a cerrar la puerta del todo, encontré un leve rastro de barro en el suelo. Una pisada húmeda. Solo una. Como si alguien se hubiera quedado ahí, un instante, bebiéndose la escena. Sonreí. Juego iniciado. ___________________________________ Unos días ...
... después, lo esperé en la escalera como quien acecha a una presa. Sabía su rutina. No por obsesión, sino por observación. Bajaba a eso de las ocho y veinte, siempre solo, siempre en camiseta o camisa abierta, siempre con esa energía contenida de alguien que necesita follar más de lo que lo hace. Hoy llevaba una sudadera gris, las mangas remangadas, y el pelo mojado aún, como si acabara de ducharse. Entró en el ascensor sin mirar alrededor. Yo salí de mi piso justo cuando las puertas se estaban cerrando. —¡Espera! —grité, con el tono justo entre casual y excitada. Metí la mano entre las puertas antes de que se cerraran, y se abrieron con ese pitido leve. Él me miró. No dijo nada. Solo asintió, un gesto breve, contenido. Yo entré. El ascensor era viejo. Pequeño. Paredes de metal pulido con manchas de tiempo. Cabíamos apenas los dos. Mi brazo le rozaba el suyo. Mi perfume llenó el espacio. Iba ataviada con un top blanco sin sujetador, y sabía perfectamente cómo se marcaban mis pezones bajo la tela fina y cómo se formaba un canalillo bastante escandaloso entre mis tetas. Llevaba además unos pantalones de yoga grises que marcaban todos mis resquicios. Estaba segura de que él me estaba comiendo con los ojos. —Gracias —le dije, con una sonrisa ladeada. Silencio. El ascensor bajó al tercero. Mi planta. Las puertas se abrieron. Pero no me moví. Él me miró de reojo. —¿No bajas? —No. Pero justo iba a tocar tu timbre. ¿Puedo pedirte un favor tonto? Alzó una ...