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Soy una ninfa ninfómana 🔥 - Parte 2
Fecha: 21/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Anitanga89, Fuente: TodoRelatos
... ceja. La primera señal de que algo se movía detrás de esa fachada dura. —Claro. —Tengo una lámpara de techo que no alcanzo a cambiar. Y sé que es muy tonto, pero como te vi ayer subiendo… y tú eres alto… Pausa. No dijo nada. No hizo falta. Él salió primero y me esperó a un lado. Yo me dirigí hacia mi puerta, contoneando el culo disimuladamente. Cuando estaba abriendo la puerta de mi piso, él me preguntó: —¿Cuál es la lámpara? —No está puesta aún. Está en el pasillo. Solo necesito que me la coloques. Mis palabras estaban medidas. Casi inocentes. Pero mis ojos, no. Él asintió. —Vamos. Y entró en mi piso. Cuando cruzó el umbral, cerré la puerta tras él con un sonoro clic. Fue intencionado. Como si sellara un pacto tácito. Como si el sonido dijera: ahora estás dentro, y saldrás distinto. Me sentía, en cierta forma, como una araña atrapando a una presa. Eso me hacía sonreír para mis adentros. Estaba excitadísima. Él entró sin decir nada, los ojos explorando con esa calma tan masculina. Se detuvo en el pasillo y alzó la vista. Allí estaba: la lámpara envuelta en plástico sobre una silla, y un cable colgando del techo. Era verdad. Más o menos. —¿Esa? —preguntó. —Esa —respondí, desde atrás. Él se quitó la sudadera, revelando un torso fuerte bajo una camiseta ajustada, el tipo de cuerpo que no presume de gimnasio, pero que deja claro que sabe usarlo. Subió a la silla sin dificultad, alzando los brazos, y su camiseta se levantó lo justo para ...
... dejarme ver el inicio del vientre, la cintura estrecha, el vello que bajaba hacia donde yo ya imaginaba. Ese happy trail que me hizo humedecerme ligeramente, iniciando algo mayor en mi interior. Me acerqué con la lámpara en las manos. Muy cerca. —Toma —le dije. Él la agarró sin mirarme, concentrado. Pero yo no podía dejar de mirarlo. El cuerpo extendido, la tensión en los brazos, la forma en que el pantalón se pegaba al culo al estirarse para alcanzar el cableado. El olor. Ese olor tan masculino, a jabón, calor corporal y calle. A aftershave y colonia fuerte. Me puse detrás. Cerca. Lo suficiente como para que mi pecho rozara su espalda al estirar el brazo. —¿Está bien así? Silencio. Ni un "sí". Ni un "no". Pero se detuvo y bajó muy lento. Se giró, ya con la lámpara a medio instalar y me miró. Firme. Directo. Yo sostenía aún el embellecedor de plástico y le devolvía la mirada, con sensualidad escondida. —¿Y esto dónde va? —pregunté, levantando el objeto sin necesidad. —Aquí —dijo, y alzó la mano, envolviendo mi muñeca con la suya, guiándome. La piel me ardió. Nuestras manos, juntas. El calor, el roce. Un segundo eterno. Su cuerpo estaba cerca. Demasiado cerca. Aspiré su la mezcla de sus fragancias y me humedecí un poco más. Pegué mi pecho al suyo sin mover los pies. Él no se apartó. Me sacaba una cabeza por lo menos. Y entonces, por fin, hablé sin filtro, mirándole seductoramente: —¿Eres tú el que la otra noche follaba como si estuvieras partiendo ...