1. Soy una ninfa ninfómana 🔥 - Parte 2


    Fecha: 21/07/2026, Categorías: Infidelidad Autor: Anitanga89, Fuente: TodoRelatos

    ... en dos a alguien?
    
    Silencio. Él no reaccionó al instante, pero luego bajó la mirada a mi boca y sonrió. Era una sonrisa mínima, arrogante, peligrosa.
    
    —¿Te gustó? —preguntó en voz baja.
    
    —Me corrí escuchándolo.
    
    Él no respondió con palabras. Me empujó contra la pared con una seguridad brutal, sin violencia, pero con hambre. Mi espalda golpeó el gotelé del pasillo y, en el mismo segundo, su boca se estampó contra la mía.
    
    El beso no fue suave. Fue directo. Lujurioso. De esos que no preguntan, que invaden, que muerden. Me abrió la boca con la lengua como le perteneciera. Me agarró por la cintura con fuerza, atrayéndome contra él, y sentí su polla dura marcando su pantalón, presionando mi vientre.
    
    Gemí. No de sorpresa. De pura excitación. Él gruñó contra mi boca, como si eso lo encendiera más. Sus manos bajaron a mi culo, me lo amasó por encima de los yoga pants como si necesitara comprobar que estaba ahí. Me sentí deseada, cazada, atrapada. Y eso me encendía aún más.
    
    Deslicé una mano bajo su camiseta, acariciando la piel caliente de su abdomen, los músculos firmes. Él subió la suya, la metió directamente bajo mi top, y me agarró una teta con toda la palma, sin rodeos, apretándola con presión medida.
    
    —Qué rica estás… —murmuró contra mi cuello mientras me lamía con la lengua húmeda y caliente, como si saboreara mi piel, mi sudor, mi tensión.
    
    Me llevó de espaldas hacia la cocina, la primera habitación que se encontró a su paso, sin dejar de besarme y ...
    ... toquetearme. Me besaba como si hubiera estado esperando esto desde el primer gemido. Como si supiera lo que yo hacía en mi cama mientras él se follaba a su mujer, novia, amante o lo que fuera. Esa zorra no me importaba.
    
    Yo también estaba desatada. Le arañé la espalda, le mordí el labio, me restregué contra su cuerpo con una necesidad animal. Su mano bajó por debajo de la cinturilla de mis leggings. No llegó al final, solo se quedó ahí, acariciándome la cadera con los dedos peligrosamente cerca del infierno.
    
    —¿Sabías que te estaba esperando el otro día? —le susurré al oído—. Con la toalla. El coño al aire. La puerta abierta. Para ti.
    
    —Lo sabía —dijo, con una sonrisa rota y oscura—. Pero te quiero sin toalla.
    
    Me dio la vuelta con facilidad. Su boca bajó a mi cuello y lo mordió. Me arrancó un gemido que no pude contener. Me tenía contra la pared de nuevo, una mano en mi cintura, otra bajo mi top, frotando mi pezón como si quisiera arrancarlo a base de caricias.
    
    —¿Te gusta así? —me preguntó, con la voz ronca y la mirada oscura.
    
    —Prefiero que me folles —le dije, jadeando.
    
    Él rio. Bajo. Perverso. Con esa voz grave y varonil. Me giró y me empujó con esas manazas contra la encimera de la cocina como si ya supiera el camino. Me tenía de espaldas, el culo pegado a su pelvis, la respiración en mi nuca. Su polla se apretaba contra mis trasero prometiendo delicias.
    
    Me bajó los leggings de un tirón, sin delicadeza. Mis bragas fueron con ellos, hasta los tobillos. Me quedé ...