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Martín revienta a una vieja gloria del porno
Fecha: 28/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... cuatro patas, con la espalda chorreando lefa, el coño hinchado y la cara enterrada en el colchón, soltando una risilla seca entre jadeos. —Lo que me he ganado es una resonancia magnética y una semana en el balneario, cabrones… Martín se sacó el paquete de tabaco de uno de los bolsillos de sus vaqueros a medio bajar, encendiéndose después un cigarro como quien acaba de descargar un camión de grava. —Y esto que aún no hemos grabado el anal… —murmuró con una sonrisa torcida. Lola seguía en la misma posición, inmóvil, con la espalda chorreando semen caliente, resollando como si acabara de correr una maratón cuesta arriba. El director y su asistente se acercaron, rodeándola como dos buitres con cámara. —Lola, ¿cómo vas? ¿Te queda cuerda para una más? Ella alzó la cabeza con esfuerzo, la cara pegajosa de sudor y con restos de saliva y rímel escurriéndole por la mejilla. —Si me dais un cigarro, una cerveza y dos minutos, os hago hasta el salto del ángel con la polla dentro. —No tenemos cerveza, pero tenemos anal —contestó Martín, ya con la polla recuperando firmeza entre las manos, acariciándosela con movimientos lentos, casi provocadores—. ¿Qué me dices, valiente? Lola se giró a medias, con la cara aún empapada de sudor y sarcasmo en la voz. —Lo haré… pero dadme quince minutos con un buen dilatador. Uno decente, ¿eh? De silicona médica, nada de chapuzas. Si no, se me sube el alma por la garganta. ¿Tenéis alguno a mano o qué? Martín soltó una ...
... carcajada ronca, bajando la mano por su rabo mientras negaba con la cabeza. —¿Dilatador? ¿Silicona médica? Pero ¿tú dónde te crees que estás, en una clínica de ginecología o en una porno de las de verdad? Se acercó hasta quedar a un palmo de su cara, con la polla ya palpitante y apuntando como una amenaza viva. —Aquí no hay dilatador, ni lubricante, ni hostias. Aquí se mete a pelo, como Dios manda. Sin florituras. Al natural. Como en los pueblos, coño, con el culo prieto y el sudor por testigo. La sala soltó una carcajada nerviosa. El cámara tragó saliva. Lola, con la boca entreabierta y las cejas arqueadas, se quedó sin réplica durante unos segundos. —Vale, vale… pero pásame aunque sea un poco de lubricante, ¿no? —suplicó al fin, girando la cara hacia Martín. Él chasqueó la lengua, cogió la garrafa de plástico medio vacía del suelo y, sin mirar, la lanzó a tomar por culo hacia el rincón más oscuro del set. —¡Ahí lo tienes, reina! Si quieres aceite, vete a freírte un huevo. Yo ya estoy hasta la polla de tantas mariconadas. —Tú estás enfermo, de verdad… —murmuró. —No, yo estoy empalmado —gruñó Martín, agarrándole una nalga con una mano y separándosela con brusquedad—. Así que decide rápido, guapa. O lo haces ahora… o lo haces después, pero con el doble de polla y menos paciencia. Lola lo miró con una mezcla de hartazgo, picardía y desafío. Se limpió la boca con el dorso de la mano, escupió hacia un lado y resopló. —Venga, vamos al lío. Pero tú, ...