-
Martín revienta a una vieja gloria del porno
Fecha: 28/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: AntonioSPA, Fuente: TodoRelatos
... cabrón, ni se te ocurra meterla de golpe o te arranco los huevos de una dentellada. —Tranquila, guapa, que seré fino… al principio. El director dio indicaciones al cámara: —Plano desde abajo, que se vea todo: la entrada, la reacción, y si llora, mejor. Martín, tírale con cariño… y luego ya te desmadras. Lola se giró un poco para acomodarse en la postura. Levantó una pierna, luego la otra, y acabó boca abajo con el culo bien alto, las nalgas abiertas como si ofreciera el último sacrificio de la noche. Su ojete, expuesto bajo las luces del set, se contraía y relajaba como si pudiera anticipar lo que le venía encima. Martín se arrodilló detrás de ella, escupió con fuerza justo sobre el centro y luego le escupió otra vez, esta vez sin mirar. Le separó las nalgas con las manos, usando los pulgares para abrir el camino. El brillo del lubricante improvisado —saliva, sudor, restos de corrida— daba al conjunto un aspecto grotesco y adictivo. —Te aviso que esto va a apretar, reina. Pero si resistes los primeros tres centímetros, lo demás es gloria —le susurró, con la voz ronca, acariciando el agujero con la punta de la polla, haciendo círculos lentos que la hacían encoger el cuerpo de forma automática. —Métela ya o cállate, que cada vez que hablas se me enfría el coño —murmuró ella, apretando los dientes. Martín soltó una carcajada seca, apoyó la polla en la entrada y empezó a presionar. Lentamente, primero. La cabeza, hinchada, fue abriendo paso con ...
... resistencia, el anillo cediendo a regañadientes. Lola soltó un quejido sordo, más de rabia que de dolor. —¡Hostia…! ¡Lo tuyo no es un pene, es un jodido bate de béisbol! —Relájate, que solo ha entrado el casco —le susurró Martín, con los dientes apretados. Empujó un poco más. Dos centímetros, tres… hasta que el glande se deslizó dentro con un "plop" sordo. Lola arqueó la espalda como si la hubieran electrocutado y golpeó el colchón con la palma. —¡La madre que te parió! ¡Eso no es un capullo, es la cabeza de un puto bebé! —Pues dilata bien, que todavía falta el resto del parto —soltó Martín con una carcajada ronca, empujando otro poco con saña. La polla entraba poco a poco, deslizándose entre tensiones musculares y gemidos ahogados. El ojete de Lola se estiraba hasta lo imposible, brillante, rojo, dilatado como una boca muda suplicando aire. El cámara no paraba de grabar, con los ojos abiertos como platos, captando cada estremecimiento, cada pulgada conquistada. Martín jadeaba, sudando, con las manos firmes en las caderas de Lola. Cuando ya tenía más de la mitad dentro, empezó a bombear despacio, saliendo y entrando sin prisa, dejando que el cuerpo se acostumbrara al castigo. —Te lo juro… si salgo viva de esta… me retiro —masculló Lola, con la cara contra la almohada. —No digas gilipolleces —le respondió él, jadeando también—. Después de esto vas a querer firmar por una saga. El ritmo fue aumentando poco a poco. Martín ya tenía toda la polla dentro, ...