-
Aprendiendo con maduros (1)
Fecha: 29/07/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Nuria, Fuente: CuentoRelatos
... cada vez me producía más y más placer. Mientras bombeaba me dijo que ahora iba a ser yo la que ladrara como una perrita cuando me corriera. No tarde mucho en hacerlo… “guau, guau, guau, guau” a lo que él me respondió con un simple “buena perrita”. Siguió follándome un poco más hasta que su polla estuvo preparada para explotar. La saco de mi coño, la acomodo entre mis nalgas y con sus manos comenzó a amasar mis nalgas de tal manera que con ellas le estaba haciendo una buena paja a su verga. Se corrió abundantemente, salpicando mi espalda, mi cintura y mis nalgas. Sentir su leche fue delicioso. Sabía que estaba haciendo feliz a Carlos y eso me hacía feliz a mí. Al terminar nos duchamos juntos. Salimos de la casa y como siempre hacíamos fuimos por caminos diferentes para evitar sospechas. De vuelta a casa me di cuenta que aquella experiencia que al principio me aterrorizaba estaba resultando increíble. Los días pasaban y Carlos y yo cada vez nos encontrábamos más a gusto el uno con el otro. Él estaba deseoso por seguir enseñándome los placeres del sexo y yo por recibirlos. Una tarde en un rincón apartado en el monte donde solíamos ir a menudo a estar solos con el coche y donde casi siempre terminábamos besándonos, acariciándonos y haciendo sexo oral, Carlos me pregunto si había algo en especial que me apeteciera probar. A mi edad me faltaban todavía muchas cosas por experimentar, pero lo conteste que había un par de cosas de las que todo el mundo hablaba y que yo no ...
... había experimentado. Una era el sexo anal y otra el sabor del semen. A mis casi 23 años había fantaseado con ambas cosas y de las dos la que menos miedo me daba era el sabor del semen. Del sexo anal había oído que era doloroso y mucho más teniendo en cuenta el grosor de la verga de Carlos. Me dijo que estuviera tranquila y que no íbamos a hacer nada que yo no quisiera, que si no estaba preparada todavía esperaría el tiempo que hiciera falta. Esas palabras hicieron que me enfadara conmigo misma. Desde que empecé mi relación con Carlos había crecido en madurez y consideraba que mi etapa adolescente ya había pasado. Pero por lo visto Carlos no pensaba así por lo que me armé de valor y le dije que estaba perfectamente preparada para probarlo. Le dije que organizara un fin de semana en algún sitio tranquilo para los dos y que allí daríamos el siguiente paso. El fin de semana llego y Carlos me llevo a una casa rural situada en un pequeño pueblo del monte. El sitio era precioso y las vistas me ayudaron a olvidarme de aquello que tanto me aterraba como eral el sexo anal. Salimos a pasear y como nadie nos conocía nos comportamos como cualquier pareja de novios adolescentes. Nos besábamos en cualquier rincón, paseábamos con la mano de Carlos sobándome el culo… todo hasta la hora de la cena, tras la cual y teniendo en cuenta que en el pueblo no había ni discoteca ni nada que se le pareciera decidimos ir a la habitación. Carlos se quitó la ropa y se quedó solo con los boxes (era ...