1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... tono, por favor, la crispación no nos conduce a ninguna parte. Mira, esto no va a durar toda la vida, durará lo que a ti y a mí nos apetezca, nada más, el único punto de fricción es el tatuaje, creía que estábamos de acuerdo.
    
    —Lo estamos, perdona, es que todo el tema de…
    
    —Ya, la amenaza a Candela te tiene desquiciado. Hoy no es el día para plantearlo, déjame a mí que lo maneje cuando sea el momento, ¿sí?
    
    —De acuerdo, hazlo a tu manera. ¿Un beso y firmamos la paz?
    
    —Tonto, si no estuvieras tan apurado de tiempo subíamos a la habitación y te ibas a enterar de lo que entiendo yo por firmar la paz. Anda, vete, no vayas a llegar tarde. ¿Quedamos a comer?
    
    —No creo, tengo el día complicado.
    
    —Llámame y quedamos para ir juntos.
    
    El encuentro
    
    .
    
    «El hombre que actúa por despecho suele causar daño a quien se lo provoca. La mujer movida por el despecho suele acabar dañándose a sí misma.»
    
    Capítulo 72 Cosas que nunca debieron haberse dicho.
    
    .
    
    A las cinco en punto llegamos al Penta. Carmen estaba nerviosa, aunque trataba de disimularlo. Antes de entrar, me detuvo.
    
    —Mario, pase lo que pase, apóyame, debemos mantenernos firmes.
    
    —No te preocupes.
    
    —Prométemelo.
    
    —¿No te fías? Estate tranquila, va a ir todo bien.
    
    El local estaba vacío; las luces, apagadas; al fondo se oía ruido de botellas. Avanzamos hacia la barra, el sonido de nuestros pasos nos delató, una de las camareras salió de detrás del mostrador.
    
    —Está cerrado.
    
    —Nos ha citado ...
    ... Diego.
    
    —Esperen ahí.
    
    Nos miramos preocupados, no había vuelta atrás.
    
    —Enseguida os recibe.
    
    Era la voz de Curro. Nos observaba en la penumbra desde la esquina de la barra. La camarera volvió a su labor rellenando una de las cámaras frigoríficas; es Estela, dijo Carmen. Permanecimos en medio de la sala sin saber qué hacer, pasaban los minutos, la camarera terminó y se fue, el recinto quedó en absoluto silencio.
    
    —Podéis pasar.
    
    La seguí, estaba habituada a moverse por dentro, Curro no se apartó y nos pegamos a la pared para evitar rozarnos. La miró con descaro; me había contado cómo abusó de ella aunque, visto con perspectiva, no sé si en realidad se trató de un abuso. Carmen recorrió el estrecho pasillo y abrió la puerta del último despacho, al fondo estaba Diego. «Quédate», ordenó; miré hacia atrás, Curro cerró la puerta y se situó al estilo de un portero de discoteca: piernas separadas, manos enlazadas delante. Le miraba el culo. No debió ponerse esa faldita para ir al Penta, mira que se lo advertí, aunque claro, íbamos a quedarnos el tiempo justo para decirle lo que queríamos y marcharnos, teníamos pensado pasar la tarde juntos, me apetecía llevarla a bailar.
    
    —Qué agradable sorpresa, podíais haber avisado, os habría preparado un recibimiento como merecéis.
    
    —No es necesario, Carmen tenía ganas de volver y como tengo asuntos con la Junta hemos aprovechado para venir unos días.
    
    —Eso me gusta, que tengas ganas de volver. Dios, estás tremenda. —dijo mirándole ...
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