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Diario de un Consentidor 200 Soledades
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... despacho desnudas, sudadas por el contacto con el ganadero, era sorprendente la falta de pudor a cruzarse con el personal del pub. Entretanto, Diego y su cliente arreglaron cuentas, me asombró la cifra que pagó por una mamada y un polvo rápido además del numerito entre ellas; sabía (porque yo mismo lo había pagado) lo que cobraban las putas en el Penta, aquello multiplicaba por mucho la tarifa habitual. Leonardo se despidió con la promesa de volver al mes siguiente. —Lo has oído, a finales de Marzo la quiero aquí. —me dijo mi socio. —No hay problema. —fue lo único que se me ocurrió decir. Diego dividió los billetes en tres partes y se guardó una en el bolsillo trasero del pantalón, las chicas volvieron hablando entre ellas, parecían contentas. Pusieron los plugs sobre el escritorio. Diego, el muy cerdo, los olfateó. —Así me gusta, limpios como una patena. Venir, acercaros. Ellas apretaron el paso moviendo las tetas al ritmo del trote. Candela esperó a un lado. —Toma, lo tuyo. —A ojo calculé sobre las ochenta o cien mil pesetas, Carmen le interrogó con la mirada. Ahora te cuento, le dijo él. A continuación me ofreció el resto, cincuenta mil. Para Carmen era la primera vez que me veía ganar dinero a costa de vender su cuerpo, por un instante volvió a ser la mujer que el despecho había desterrado y pudimos compartir la profunda emoción del momento. Diego agitó los billetes para hacerme reaccionar, un arrebato de estupor y morbo me tenía paralizado. La miré con ...
... el dinero en la mano, habíamos dado un nuevo paso; atrás quedaba una parte de lo que fuimos. Tan fugaz como apareció, la conexión entre nosotros se desvaneció y el frío volvió a empañar su rostro. Por último, Diego sacó uno de cinco mil y se lo dio a Candela. —Toma, para la niña. No tenía ningún sentido, ni la forma de hacer el trabajo en un despacho delante de un extraño ni el precio por algo que esa misma noche le habría costado mucho menos. Diego se echó a reír. —Qué pasa, te has quedado pasmao. —No lo entiendo, este… —Leonardo. —Ha pagado una barbaridad por lo que, dentro de un par de horas, se va a pagar mucho menos. —No te has enterado de nada. ¿Crees que ha pagado este pastizal por un polvo y una mamada? Tu mujer es la hostia, pero no vale tanto. Esto ha sido una cata; hemos cerrado… ¡Nueve, ven aquí! Dejó la conversación con Candela y se apresuró a acudir, el chulo le acarició una teta y le pasó el pulgar por el pezón tres veces, una en vertical y dos en horizontal, de izquierda a derecha, un código que le había visto hacer antes y a las dos parecía gustarle a la vista de cómo reaccionaban. Una seña de pertenencia, pensé. —El sábado te vas con Leonardo, viene a recogerte a las ocho. —¿A dónde vamos? —¡Yo qué sé!, a un hotel, supongo, donde le salga de los cojones, ha pagado una pasta por pasar la noche contigo, como si le da por llevarte a la luna. Ya puedes lucirte. Y yo, callado viendo como perdía a mi mujer y pasaba a ser la puta ...