1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... absorto.
    
    —Parece mentira, ¿eh?, con lo gordo que está. Es un ganadero de reses bravas de Badajoz, viene mucho por aquí, había oído hablar de la madrileña, le prometí que cuando volviera le avisaría. Ahí donde lo ves, engaña, tiene fuelle para rato. Ya hablaremos, no me estás haciendo ni puto caso. Si quieres desahogarte…
    
    Hizo un expresivo gesto con los brazos apuntando a Candela. No quería hacerlo y menos delante de él, solo quería ver cómo ese animal la destrozaba a golpe de cintura tirando de la joya negra; Carmen parecía sufrir, aunque lo dudo, ya me conozco yo esa cara de agonía; la empaló sin misericordia sudando como un cerdo, echando los pulmones en cada bocanada de aire para poder aguantar hasta que logró correrse una segunda vez sin importarle dónde estaba ni delante de quién. A una indicación de Diego, Candela se unió a la pareja, dedicó sus caricias a ambos terminando por centrarse en Carmen a petición del ganadero que buscaba la manera de volver a empalmarse mirándolas morrearse. Me quedé ensimismado viéndolas meterse mano sin rastro de pudor, porque con él era trabajo pero entre ellas había puro fuego; la joya negra adornando sus nalgas me tenía absorto. Diego me sacó del trance de un codazo.
    
    —Te prometí un numerito bollo de las dos, ahí lo tienes. Yo siempre cumplo mis promesas, a ver si tú haces lo mismo.
    
    —Escucha, ahora no es el momento para el tatuaje; terminará por convencerse, estoy seguro, necesita tiempo.
    
    —Con las tías no hay que ...
    ... andarse con tanta gilipollez —intervino Curro.
    
    —Cierra la puta boca, ¿quién te ha pedido opinión?
    
    —Si la sabes llevar hará lo que quieras, créeme, no la intentes obligar. —insistí.
    
    —Vale, socio, lo que tú digas —dijo sin mucho interés—. Míralas, son dos hembras en celo; ¿a que taponarles el culo ha sido buena idea?
    
    —Cojonuda. —respondió Curro que no le quitaba ojo a ninguna de las dos.
    
    —Al final va a conseguir que se empalme de nuevo, qué fiera es mi niña.
    
    —Hombre, niña, niña… ya tiene unos añitos.
    
    —¡Que te metas la lengua en el culo, hostia ya! —Curro se alejó consciente de que había cruzado el límite—. Ponle unas coletas y con esa carita parece una niña, ¡ole!
    
    La niña, como la llamaba, se había sentado con el ganadero, tenía el pantalón desabrochado exhibiendo una mata canosa en la que apenas destacaba una desinflada polla, Carmen la acariciaba entre los dedos, más por mantenerlo contento que por intentar revivirla, tenia la mano cubierta de baba y grumos blancuzcos, lo cual no parecía importarle; reía sus gracias, le dejaba jugar con los aros, aunque tuvo que pedirle varias veces cuidado porque se empeñaba en estirar los pezones tirando de ellos, era un bruto, no estaba acostumbrado a tratar a mujeres de su talla. Candela, sentada a la izquierda, intentaba atraer su atención, pero no lo conseguía, acaso alguna caricia perdida. Fue Diego quien puso fin al magreo, las chicas se despidieron con besos, dejándose tocar, riendo sus obscenidades; salieron del ...
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