1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... supo dónde encontrarlo?
    
    —No me cansaré de repetirlo, es la mejor mamadora que he conocido, ¿tengo o no tengo razón? —Antes de que pudiera responderle, Curro se adelantó:
    
    —No me has dado la oportunidad de comprobarlo.
    
    Carmen le miró de reojo.
    
    —No jodas. —exclamó Diego.
    
    —Una vez la dejaste sobre la mesa, dijiste que la mantuviera caliente, ¿te acuerdas?
    
    «Otra vez estoy sobre una mesa, otra vez me atraviesan desde atrás, el porqué me dejo usar es algo que no entiendo si la deuda está pagada. Después de follarme la boca y hacer que le cuente mi vida me ha llevado sujeta del brazo, la ha vaciado meticulosamente, podía haber dicho que no, sin embargo he esperado a que la despejara; después me ha inclinado sobre el tablero cogida por la nuca, he visto como se ponía un preservativo a unos centímetros de mi cara y los segundos que han pasado hasta que se ha afianzado a mis caderas han sido eternos, tan eternos que lo he pedido: —A qué estás esperando, hazlo ya. No folla mejor ni peor que otros, es el control que ejerce sobre mí, su forma de sujetarme del cuello con la mejilla aplastada en el tablero y su manera de hablar lo que me tiene sometida, es…
    
    Alguien abre la puerta, tengo miedo.
    
    —Perdona, no sabía…
    
    —Joder, Curro.
    
    —Es que hay que pagar el pedido.
    
    —No te muevas. Tú, cierra la puerta, coño.
    
    Y no me muevo, me quedo quieta y vacía sobre la mesa mostrándome a alguien a quien no conozco.
    
    —Perdona, es que no puedo esperar.
    
    —No pasa nada, es ...
    ... la puta que se coló anoche, le estoy enseñando las normas de la casa.
    
    Me arde la cara.
    
    —Joder, no pierdes ocasión.
    
    Se ríen, Diego pasa por mi lado, abre un cajón, saca algo, lo cierra de golpe y el sobresalto me hace estremecer; hablan detrás de mí como si fuese otro mueble más. Entonces pone ese algo sobre mi espalda, es una libreta alargada. No, es un talonario.
    
    —Tío… —le recrimina.
    
    —Qué, ¿te gusta mi nuevo escritorio?
    
    Escribe sobre mi espalda y firma. No lo entiendo, no estoy humillada.
    
    —Ha venido Benito.
    
    —Mierda. Quédate, enseguida vuelvo.
    
    Se viste apresuradamente, no se me pasa por la cabeza moverme.
    
    —Ponte una funda. Ahí, en el cajón; manténmela caliente. Venga, joder, no seas tímido.
    
    Nos quedamos solos, oigo sus pasos.
    
    —Conque tú eres el nuevo capricho del jefe, qué buen gusto tiene el jodío.
    
    Ya tiene un condón, se desabrocha y oigo todos los preparativos, me agarra fuerte por las caderas, con demasiada brusquedad y se me escapa un grito.
    
    —No te asustes, corderita. Qué buen culo tienes.
    
    Me la clava de un solo golpe y vuelvo a gritar, un chillido agudo que no reconozco.
    
    —Levanta, a ver qué tenemos por ahí.
    
    Me apoyo en los codos para que alcance las tetas, las amasa con una mano, la otra me mantiene sujeta y bombea tercamente.
    
    —Buenas tetas, sí señor, como a mí me gustan, nos lo vamos a pasar bien contigo.
    
    Comienza a machacarme, me suelta un azote y sofoco un grito; le ha gustado, creo que no se va a quedar ahí, ...
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