1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... sillón cercano, supuse que decían que me sentase y lo hice, fui espectador mudo de la entrega de mi mujer al macarra que la prostituía con mi consentimiento, olvidé mis promesas y me centré en no perder detalle. Hablaban en voz baja, se acariciaban, le metía mano más allá de la falda sin que hiciera otra cosa que sonreír y mirarle encandilada, qué guarra, qué zorra, ¡joder! apenas entendía lo que decían, palabras sueltas, preguntas susurradas a las que respondía afirmando con un escueto sí o un lo que tú quieras. «¿Ahora?», preguntó; él, por toda respuesta, se plantó ante ella, Carmen se movió al borde del asiento con las piernas a cada lado de las de Diego, la falda subida a las caderas y la espalda recta; me echó una mirada huidiza, soltó el cinturón, bajó la cremallera, hurgó dentro y sacó la verga que ya presentaba una buena erección. Todo se estaba desarrollando demasiado deprisa, el corazón me iba a estallar, Curro se acercó a ver la jugada; ahí estaba, con su pose de portero de discoteca mirándola en plena faena. No estaba cómoda y soltó el botón de la cinturilla, el pantalón cayó a media pierna, ella misma se encargó de bajar el bóxer, le acarició el culo con gusto y se apoderó de la polla que había terminado de ponerse a tono, unos cuantos meneos lentos pero firmes y a la boca. «Ah, cómo lo echaba en falta, jodía», exclamó afianzando los pies en el suelo, recogió la melena, echó una mirada a su ayudante y éste sonrió. Carmen comenzó una felación a conciencia, ...
    ... enseguida se la soltó, le basta con la boca para manejarse, recogió los testículos en una mano y los amasó, con la otra le acariciaba el culo como si le fuera la vida en ello. La verga salía brillante de saliva y desaparecía entera provocándole jadeos. El matón no quitaba ojo, se acercó más. Éramos dos espectadores tolerados para mayor gloria del capo. Diego intentó dirigirla, pero enseguida le dejó hacer porque es muy buena en lo suyo, muy buena; siguió mamando cada vez con más ansia, lo estaba llevando al límite, él cerró los ojos, la sujetó con firmeza moviéndose como si estuviera follando, ella se estaba dando un festín a boca llena tragándose una pieza que, por la forma de achinar los ojos, le debía de estar atravesando la garganta; yo miraba la escena entusiasmado pendiente del más mínimo detalle, como el suave balanceo del pubis vestido de malva y hecho agua sobre el borde del asiento para calmar el ardor que de otra forma no podía combatir, o el rasgar de las uñas en el glúteo tenso del macho que fue incapaz de aguantar y descargó a golpe de cadera con ella tragando agarrada a los muslos y él, resoplando como un toro, dando violentas estocadas.
    
    Curro volvió a su puesto. Carmen, de pie, guardó la herramienta y le ajustó el pantalón, todo en un abrir y cerrar de ojos; qué hábil es manejando la bragueta de los hombres. Me miró con una frialdad que hizo recaer en mí toda la culpa. Después, cogió un paquete de kleenex de un cajón del escritorio y se limpió la barbilla. ¿Cómo ...
«12...456...36»