-
Diario de un Consentidor 200 Soledades
Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos
... él volvía a hundirse hasta el fondo, le estaba costando tragar ese grosor, se le saltaban las lágrimas. De pronto comenzó una frenética carrera y terminó entre bufidos clavado en su garganta. —No es para tanto, las he visto mejores. —Carmen, aún sofocada por el esfuerzo, le lanzó una mirada de desprecio. —Tú qué sabrás. —le soltó su jefe—. Anda, vete a ver si ha llegado la siete. Era el momento de aclarar las cosas, Carmen andaba ocupada recogiendo los kleenex usados, Diego preparaba unas rayas. —Sé lo que le hiciste en Santander. No vuelvas a ponerle la mano encima, ya habíamos hablado de eso, creí que lo dejé claro. —Diego se encaró. —Mira, esta vez lo voy a pasar, pero por muy socios que seamos, no te voy a aguantar que me digas como tratar a mis putas, ¿lo has oído? Nadie, nadie me dice lo que hago o dejo de hacer con estas zorras. Me parece que todavía no te has enterado, a la nueve le va la marcha, pierde las bragas cuando le dan una hostia, lo supe en cuanto le partí la cara, puso los mismos ojos de sorpresa de una niñita virgen cuando se la meten por primera vez y descubre que le gusta y quiere más, ¿lo pillas? En Santander le puse el culo al rojo vivo, es verdad, podía haberse resistido, podía haberme roto las pelotas de una coz porque menudos cuartos traseros que gasta la yegua. ¿Qué hizo?, gimotear como un bebé, aguantar y aprender la lección, cuanto más le zurraba, más ponía el culo, con la boca decía, ¡no me pegues, no me pegues!, pero lo sacaba ...
... para que le diera fuerte. Se quedó suave como la seda, le gustó, la prueba es que ha venido a por más; mírala, enjuagándose la boca de tanta lefa como ha tragado. Carmen seguía a lo suyo ajena a nuestra conversación. —No te confundas, hay formas de soportar la violencia que pueden parecer consentimiento, te lo advierto… —No tienes ni puuuta idea, la conozco mejor que tú. Vas a verlo. —Qué vas a hacer. —Atiende, y no te metas o le digo a Curro que te saque a patadas. ¡Carmen! Dejó el sujetador que tenía a medio poner y acudió. —Prepárame una copa, lo de siempre. Ni siquiera me preguntaron si quería tomar algo, corrió hacia el mueble bar y volvió con un whisky en vaso ancho y un par de hielos, exactamente como a mí me gusta. Diego lo cogió; ¿Qué coño es esto?, profirió y la abofeteó con contundencia. Carmen se llevó la mano a la mejilla, no vi indignación, vi mansedumbre. Y no hice nada. —¡Quita esa mano! ¡Te he pedido ron, sin hielo, joder! ¿Tanta polla te ha dejado zombi? —Pensé que querías… Le cruzó la cara por segunda vez, Carmen no hizo intención de cubrirse. Diego levantó la mano y para mi consternación, se encogió esperando el castigo que no llegó. No moví un dedo, estaba pendiente de otras cosas, de la forma en que vibraron las tetas cuando le pegó; del chasquido en la mejilla; de su respiración agitada; de la tensión bajo mi bragueta, un calambre tan intenso y agradable que me impedía ocuparme de lo realmente importante: abalanzarme ...