1. Diario de un Consentidor 200 Soledades


    Fecha: 04/08/2026, Categorías: Intercambios Autor: Mario, Fuente: TodoRelatos

    ... a partirle la cara.
    
    —Pensé, pensé, ¿qué pensaste?
    
    Carmen murmuró un lo siento con la mirada baja. Diego le alzó el mentón, le acarició allí donde la marca del castigo comenzaba a enrojecer; ella entornó los párpados e inclinó el cuello hacia la mano que la cuidaba como un perrillo. «No pienses». Le devolvió el vaso, enseguida regresó con el ron.
    
    —¿Ves como lo puedes hacer bien cuando estás atenta? Anda, vístete y arréglate la cara, mujer, que estás hecha unos zorros.
    
    Carmen le dedicó una sonrisa y regresó al escritorio donde tenía el bolso, sacó un espejo y miró el daño causado, después terminó de vestirse. Yo estaba desolado por ella, por mí, por los dos.
    
    —Qué, ¿me crees ahora? Déjame a mí que la eduque, de esto sé más que tú.
    
    La culpa
    
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    «Si la culpa te atrapa, es difícil librarte de ella; te persigue, se hace contigo, aparece cuando menos lo esperas con antiguos recuerdos y consigue llenar de amargura un instante, una hora, un día. La culpa no perdona, no olvida, la culpa mantiene vigentes los hechos que ocurrieron, las omisiones que no pueden ser reparadas, las palabras no dichas, las que no debieron decirse. La culpa es una ola que crece y avanza como un tsunami desde el tiempo pasado arrasando el presente.»
    
    Mario. Fragmento del testimonio pronunciado en el funeral de una amiga muy querida, Abril 2017
    
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    La violencia formaba parte de nuestra vida, lo había intentado negar y ahora se mostraba de una forma irrefutable, una violencia ...
    ... soterrada en algunos casos. ¿Cuándo empezó?, porque no siempre había sido así. Eché la vista atrás y apareció una escena que había tratado de olvidar. Sucedió el día que conocí a Graciela; venía de la sauna gay, un suceso que me había trastornado, salí ocultándome de la gente como si estuviera marcado, entré en un bar cualquiera; allí, intentando entender y entenderme la vi —cómo no verla— y me lancé como no había hecho desde mi juventud. Fue mejor de lo que esperaba, charlamos, encajamos y olvidé la zozobra que me producía el paso por la sauna, volvía a ser yo sin remordimientos, no me había convertido en un ser distinto al que era antes. Entonces llamó Carmen, me había estado llamando insistentemente mientras estaba en la sauna. Ilusionado por el éxito de mi audacia, le conté dónde y con quién estaba, no podía figurarme lo que había ocurrido con Carlos. Alardeé de haber «ligado como un adolescente» y le anuncié que la invitaría al vermut del sábado. Lo encajó bien, aunque percibí algo en su voz que me puso en alerta. (2)
    
    Al llegar a casa, todo fueron reproches desmesurados, no podía entender lo que sucedía porque no sabía nada de su abrupta ruptura, ella estaba fuera de sí, yo perdí los nervios, de las palabras pasamos a los insultos y de ahí a intentar controlar por la fuerza lo que no habíamos podido detener a tiempo, la excitación acumulada, el deseo y la frustración desencadenaron uno de los peores episodios de violencia que hemos vivido en pareja y mezcló fantasmas del ...
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