1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... la que decía "Diablita – Talle S/M – Edición Atrevida". Se la tendí con una mano, sin dejar de mirarla.
    
    —Ya tenés lo tuyo. Si querés, podés probártelo.
    
    Ella agarró la caja sin perder la sonrisa, me sostuvo la mirada con un brillo juguetón y caminó hacia los probadores con una seguridad que me dejó clavado en el piso.
    
    Cristian, al parecer, es un tipo con suerte.
    
    Esperé un rato en silencio, con los codos apoyados en el mostrador. Si todas las clientas de este lugar son como Gisela o Virginia… uff… sería hermoso poder trabajar acá. Aunque tampoco me puedo quejar, en mi oficina tengo como jefa a una rubia muy puta que, literalmente, me chupa la pija. Y a mi hermana, que hace lo mismo; pero… eso es otro tema.
    
    —Che, ¿me ayudás con algo? —escuché la voz de Virginia desde el fondo—. Necesito una opinión sincera… de un hombre.
    
    Tragué saliva. Sentí el impulso de mirar hacia los costados, como si hubiera otro tipo en el local que pudiera hacerse cargo. Pero no. Era yo. Bueno… Cristian. Caminé hasta su probador con una mezcla de vértigo y expectativa. Toqué apenas la cortina.
    
    —¿Estás segura?
    
    —Dale, abrí.
    
    Corrí la tela con cuidado. Y ahí estaba.
    
    Virginia, de pie en el pequeño cubículo, lucía el disfraz más atrevido que había visto en mi vida real. Y sin embargo, no se veía ridícula. Se veía… desarmante.
    
    El conjunto era rojo intenso, ajustado al cuerpo como una segunda piel. Un corset con escote pronunciado en forma de corazón, adornado con detalles en ...
    ... terciopelo negro que le daban un aire elegante dentro de lo provocativo. Las medias de red, sujetas con ligas, dibujaban líneas sobre sus piernas largas, y unos pequeños guantes de encaje le cubrían las manos. En la cabeza, unos cuernos brillantes, sostenidos por una vincha, enmarcaban su cara como una corona traviesa. Hasta tenía una colita roja y puntiaguda que salía por detrás. Pero noté algo tan raro como impactante: no tenía minifalda. Lo único que usaba debajo era una diminuta tanga roja. Supe de inmediato que Virginia debía tener el pubis depilado, porque de lo contrario hubiera estado enseñando vello púbico.
    
    —¿No te está faltando una parte? —Le pregunté, con un nudo en la garganta.
    
    —No, no… pedí el disfraz así, sin nada más debajo. ¿Te gusta o es demasiado?
    
    Me quedé mudo. Sentí cómo se me endurecían los músculos del cuello, cómo el aire se me volvía denso en el pecho.
    
    Pero ahí fue cuando apareció él. Cristian, se hizo cargo del asunto y habló por mí, con una voz firme, tranquila, con una sonrisa cargada de certeza.
    
    —Ah, pero sos bien zarpada, flaca —ella soltó una risita pícara que me resonó en los huevos—. Estás increíble. En serio. Ese disfraz te queda espectacular. Vas a ser la envidia de todas las chicas en esa fiesta… y probablemente también de unos cuantos tipos.
    
    Virginia rió, encantada, como si le acabara de decir exactamente lo que esperaba escuchar.
    
    —¿Sí? —preguntó, dando un paso atrás.
    
    Y entonces, sin aviso, se dio media vuelta y empezó a ...
«12...91011...19»