1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... hacer un pequeño giro de caderas, un bailecito sensual que le salió natural, como si no lo hubiera ensayado ni un segundo. La colita roja se movía con ella. Cuando volvió a ponerse de frente, aún sonriendo, yo ya no era del todo yo. Cristian silbó. Un silbido corto, perfecto, con esa entonación justa que dice mucho sin decir nada. Me sorprendió. Abel ni siquiera sabía silbar así. Pero al parecer, Cristian sí.
    
    —Aunque… la tanga es más chiquita de lo que me imaginaba —dijo Virginia entre risas.
    
    Se paró frente al espejo y no pude evitar que la mirada se me fuera a su abdomen. Había algo hipnótico en esa zona, en cómo el vientre plano se curvaba apenas sobre el ombligo, como una línea suave que parecía pensada para encajar con el resto de su cuerpo. A pesar de lo delgada que era, tenía caderas anchas, bien marcadas, que contrastaban con esa delgadez sin romper la armonía. Todo en ella parecía haber sido dibujado con una lógica interna que escapaba a cualquier capricho estético. No era solo deseo lo que me provocaba; era fascinación. Como si cada parte de su anatomía estuviera en el lugar exacto donde tenía que estar. Y lo mejor de todo era su pubis, asomando lampiño por encima de la diminuta tanga de cuero rojo.
    
    Me dejé llevar por la confianza de Cristian, esa que no me salía de forma natural pero que, en ese momento, parecía fluir como si siempre hubiera estado ahí; como si siempre hubiera formado parte de mí. Me acerqué a Virginia por la espalda, sin tocarla, pero lo ...
    ... suficientemente cerca como para que mi presencia se notara. Ambos estábamos frente al espejo, reflejados, como si viéramos a otra pareja en una escena ajena.
    
    —Te queda pintado —le dije, con una sonrisa apenas ladeada—. Se nota que ese traje fue hecho pensando en vos.
    
    Virginia no se sobresaltó. No se movió, ni siquiera parpadeó. Al contrario, mantuvo esa sonrisa suya, entre pícara y juguetona, y con un leve movimiento del cuerpo provocó un roce deliberado entre nosotros. Su cola me quedó pegada a la pierna. Mi pecho quedó apoyado en sus espalda. Tenía miedo de que ella notara lo rápido que me latía el corazón. Pero logré mantener la calma.
    
    —Lo que me preocupa es lo mucho que se ve ahí abajo —Entendí que el juego ya no era solo mío. Ella también estaba jugando sus cartas—. ¿Te parece que da para ir a una fiesta de disfraces con esto?
    
    —Eso depende de qué tipo de fiesta sea. ¿Es de las que se ponen picantes?
    
    —Uf… sí… muy picantes. Da para ir atrevida… le dije a Daiana que quería ir al límite, y parece que se lo tomó literal —señaló hacia su pubis—. Un poquito más y se me vería toda.
    
    —A mí me encanta lo que se ve… y lo que no se ve —dije, pegando más mi cuerpo al de ella—. Pero… ¿qué va a pensar tu novio cuando vaya con vos a la fiesta?
    
    Virginia no dejó de mirarse en el espejo. Sus ojos seguían fijos en su reflejo, pero su sonrisa creció, como si la pregunta le hubiera dado justo en el punto donde quería ser tocada.
    
    —Mi novio no va a la fiesta —respondió, ...
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