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¡La Concha de mi Hermana! [11]
Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos
... de todo. Nadie me obligaba. Excepto Marcela. Ella me forzaba indirectamente a estar acá. Marcela con su boca roja. Algo me dice que el resto de su cara es tan hermosa como sus labios. ¿De verdad ella me gusta tanto? Tuve que replantearme esto, necesito estar seguro. ¿Qué es lo que más me gusta de ella, si apenas la conozco? No tiene un cuerpo escandaloso, ni falta que le hace. Tiene esa clase de presencia que te atrapa sin moverse. Es esbelta, sutil, como si cada parte estuviera hecha a medida, sin nada de más. Se nota que hace ejercicio, pero no para mostrarlo: es de las que cuidan lo suyo en silencio, sin andar subiendo a internet fotos al espejo. Esas fotos las reserva para mí. Todo en ella tiene una proporción que desarma. No es voluptuosa, ni demasiado flaca. Es justo como tiene que ser. En ella la desnudez parece algo natural, como si le perteneciera desde siempre. Como si fuera una forma más de estar en el mundo. Y eso me vuelve loco. No tiene sentido mentirme: su culo también me vuelve loco. Quiero meterle toda la verga y darle duro. Quiero escucharla gemir y que me diga “Partime al medio… Cristian”. Ya estoy empezando a encariñarme con ese nombre. Y bueno, Marcela está casada. Pequeño detalle. Marcela es sinónimo de problemas. Lo sé. Y por eso estoy acá. Porque si alguien me ve con ella, si alguien me reconoce, se arma. Tengo que ser Cristian. Y Cristian no puede tener esta cara, ni esta ropa. Cristian tiene que ser irreconocible. Suspiré, ...
... dándome por vencido. Sentí la vergüenza respirándome en la nuca, pero igual empujé la puerta. Apenas crucé la puerta, me pegó el olor a plástico nuevo, como cuando abrís un tacho de juguetes de cumpleaños. Era un caos de colores, brillos y texturas. Paredes repletas de máscaras —algunas de monstruos, otras de políticos, y otras que no supe bien qué mierda eran— colgaban como trofeos de una fiesta que no me habían invitado. En los estantes se apilaban pelucas, boas de plumas, corpiños con luces, espadas de goma, tridentes, moños gigantes, antifaces, pestañas postizas, sombreros de copa, orejitas de gato… Me costaba encontrar el aire entre tanto cotillón. Por un momento pensé en volverme. Nadie me había visto entrar. Todavía podía salir de ahí como si nada. Pero ya había cruzado la línea. Me apoyé contra uno de los mostradores, más para no parecer tan desorientado que por comodidad. Del otro lado había una chica. Era bonita, sin ser hermosa. Delgada y con el pelo muy corto. Tenía mechas fucsia muy desprolijas, como si se las hubiera teñido ella misma. Llevaba un piercing en la ceja derecha y otro en la fosa nasal izquierda. Me la imaginé con el pelo largo, con más curvas, y con tetas… porque era plana como una tabla de planchas. Pensé que con esos pequeños cambios podría ser realmente hermosa. De cara no está nada mal. Pero así, tan flaca, y con ese pelo cortado a cuchillo, parecía salida de un catálogo de lesbianas punkies. Como si estuviera a punto de venderme una ...