1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... remera de Sex Pistols junto con un libro sobre brujería feminista.
    
    Me miró sin interés. Como si yo fuera el enésimo tipo ridículo que entraba a buscar un disfraz de pirata para una despedida de soltero. Y, la verdad, no estaba tan equivocada.
    
    Estaba por preguntarle algo a la chica del mostrador —algo estúpido, seguro, como si tenían pelucas rubias con corte carré— cuando la vi.
    
    Salió de entre las góndolas como si el cotillón se abriera a su paso por respeto y admiración. Curvilínea y voluptuosa. De esas mujeres que te hacen parpadear dos veces para confirmar que no te las inventaste. Tenía unas tetas bien grandes, contundentes, sostenidas por una camisa blanca de oficina que, en cualquier otra, habría parecido parte de un disfraz de secretaria hot. En Katia, por ejemplo, ese conjunto se ve entre obsceno y ridículo. Pero en esta mujer no había ni una pizca de vulgaridad: la camisa blanca y la pollera negra, en ella eran sinónimo de respeto y profesionalismo. Parecía recién salida de una reunión importante, de esas donde hay doce tipos callados y ella es la única que habla, marcando el ritmo, dejando claro que las cosas se hacen a su manera.
    
    La pollera negra, ajustada justo lo necesario para que se notara su cintura de avispa. El pelo negro, largo, lacio, con brillo. Y los ojos felinos, oscuros, afilados. Sé que puede parecer un cliché, pero… creo que es la mujer más hermosa que vi en mi vida. Y no era solo su belleza lo que me cautivaba. Era algo más. Una sensación ...
    ... rara. Como si la conociera de algún lado.
    
    ¿La había visto antes? ¿En la calle? ¿En algún sueño? ¿O me la estaba inventando ahora mismo?
    
    Ella ni se fijó en mí. Se acercó al mostrador con seguridad y apoyó una caja.
    
    —Quiero probarme esto —dijo, sin levantar la voz.
    
    Creía que esa voz también la había escuchado antes. Porque en ese momento ya no estaba seguro de nada. Quizás mi mente me estaba jugando una mala pasada.
    
    Y entonces, justo cuando estaba por volver la mirada al piso como un boludo, ella me miró. Fue apenas un segundo, pero lo sentí eterno. Sus ojos se cruzaron con los míos y noté cómo, por un instante, se le encendían las mejillas. No era una sonrisa, ni una mueca… era rubor. Se sonrojó, y eso, viniendo de una mujer como ella, me descolocó más que todo lo anterior. De inmediato desvió la mirada hacia la empleada, como si yo no existiera.
    
    —Perdón —dije, dando un paso más cerca del mostrador—. No quise incomodarte. Es que... no sé, me parecés conocida. Como si te hubiera visto antes.
    
    Ella no me miró de inmediato. Tardó unos segundos en responder, con un tono seco pero no agresivo:
    
    —No creo. Yo a vos no te conozco.
    
    Me aclaré la garganta. Intenté ser lo más educado posible, aunque la voz me salió un poco más tensa de lo que me hubiese gustado.
    
    —¿Cómo te llamás? Si no te molesta que te pregunte… Emm… yo me llamo Abel.
    
    Me miró de nuevo. Esta vez, con una ceja levemente levantada, como si estuviera evaluando si decirme la verdad o no.
    
    —Me ...
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