1. ¡La Concha de mi Hermana! [11]


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Nokomi, Fuente: TodoRelatos

    ... Daiana chupó con devoción.
    
    Algo en mí —la confusa parálisis del cuerpo— me impidió reaccionar. Me quedé ahí, como un intruso en su propia vida, con los brazos flojos a los costados, viendo una escena que no me pertenecía.
    
    Hasta que por fin alguien habló. Fue Gisela. Su voz se mostró dulce, comprensiva… tímida. Un susurro cálido que me atravesó con más fuerza que un cachetazo.
    
    —¿Podrías darnos un poco de privacidad?
    
    —Ah… eh… sí, sí… perdón —murmuré, bajando la mirada—. Perdón, no quise… no sabía…
    
    Cerré la cortina de golpe, con torpeza, como si eso pudiera borrar lo que acababa de pasar. Me fui al primer probador vacío que encontré, sin mirar atrás, con el corazón latiéndome en el cuello y una sensación imborrable de haber sido un completo imbécil. Me encerré. Me apoyé contra la pared y me llevé una mano a la frente.
    
    Qué carajo acababa de pasar.
    
    Ya me había puesto todo: el pantalón mostaza, la remera negra, la peluca bien peinada, la barba prolija. Me miré una última vez en el espejo y no pude evitar sonreír. No era Abel. Era Cristian. Un tipo más seguro, más suelto, con otra espalda.
    
    —¿Daiana? —pregunté desde adentro, acomodándome el cuello de la remera—. ¿Puedo pagarte esto? La ropa, la peluca, todo.
    
    Su voz me respondió desde algún lugar entre las cortinas: —Esperá un toque… Por haber abierto sin permiso, me debés un favor. Vas a tener que atender el local unos minutos.
    
    Tardé en responder. No sabía si me hablaba en serio. —¿Atender? ¿Tipo… ...
    ... detrás del mostrador?
    
    —Exacto. Mirá qué fácil: si entra alguien, lo saludás con buena cara y decís que Daiana ya viene. Eso es todo.
    
    Y desapareció de nuevo entre los pasillos.
    
    Así que ahí me quedé. Detrás del mostrador, disfrazado de mí mismo pero en otra versión, tratando de no pensar en la escena que acababa de ver y agradeciendo tener algo concreto para hacer. Por unos minutos, nadie entró. Caminé un poco detrás del mostrador, toqué cosas al pedo, observé las máscaras colgando, revisé un exhibidor de narices falsas. El tiempo se volvió raro, como suspendido.
    
    Hasta que la campanita de la puerta sonó y la vi entrar. Me costó disimular la expresión.Era una chica muy bonita. De esas que te hacen sentir que estás en una película donde ella es la protagonista. Delgada, sí, pero con curvas suaves que se notaban aún bajo su ropa casual. El pelo negro, lacio, perfecto. Y los ojos… enormes, marrones, brillantes. Como si tuvieran luz propia. Me miró y sonrió, y esa sonrisa fue un relámpago directo al pecho. Una cintura angosta realzaba sus nalgas. Por dios, dio un pequeño giro, para asegurarse de que la puerta quedaba bien cerrada, y en ese pantalón de jean ajustado vi uno de los culos más hermosos que presencié en mi vida. Redondo, macizo. Diseñado para el pecado.
    
    Al volver a girar, sus ojos se encendieron al verme, como si me reconociera de alguna parte, aunque eso era imposible. O capaz que no. Capaz que Cristian ya empezaba a existir, y lo que había visto en mi cara era ...
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