1. Contrato con Apolo: quiero llevarte a la Luna


    Fecha: 14/08/2026, Categorías: Fetichismo Autor: Traviesa, Fuente: CuentoRelatos

    Los viajes para participar en conferencias siempre me han resultado interesantes. Rodeada de hombres con traje y corbata, representantes de distintos países, la atmósfera siempre con un aire de solemnidad y competencia. Pero aquella mañana, algo fue distinto.
    
    Llegué temprano, como de costumbre. Visualicé donde quedaba mi puesto, justo en el centro de la mesa en U, y observé a mi alrededor. Entre las caras serias y las conversaciones en distintos idiomas, mis ojos se detuvieron en él.
    
    Cabello claro, rasgos eslavos, unos lentes sin aro que le daban un aire intelectual, pero con la camisa blanca desabotonada justo en el cuello, sin corbata. Como si no le importara encajar del todo.
    
    Sus labios, delgados y precisos, me hipnotizaban. No eran para nada parecidos a los míos, sino una línea elegante y definida que contrastaba con mi boca. Me sorprendí imaginando cómo se sentiría deslizar la punta de mi lengua por la comisura de sus labios, trazar el contorno con mis dientes, probar su sabor.
    
    No pude evitar acercarme y, sin pensarlo demasiado, le hablé en su idioma. Su sorpresa se convirtió en una sonrisa cómplice. Hicimos clic de inmediato. Intercambiamos tarjetas de presentación. Apolo… Así lo llamé en mi mente.
    
    —Tomémonos una foto —dije sin darle tiempo a reaccionar.
    
    Posamos juntos, y por un segundo imaginé su aliento en mi cuello.
    
    La idea me distraía, me volvía torpe, incapaz de concentrarme en otra cosa que no fuera ese punto exacto donde su boca se curvaba ...
    ... sutilmente al hablar. ¿Serían sus labios suaves o firmes contra los míos? ¿Temblarían al contacto, o me sorprendería con un beso decidido? Un fuego lento se encendía en mi interior solo de pensarlo.
    
    Me presentó a sus colegas. Nos reímos, jugamos con los silencios cargados de intención. Pero la conferencia debía comenzar. Me senté en mi puesto y, mientras otros exponían, mi mente divagaba.
    
    Las mesas, cubiertas con manteles largos, me brindaban el refugio perfecto para un instante de escape. Con movimientos lentos y discretos, subí mi vestido y deslicé mis dedos sobre mis rodillas, recorriendo su contorno con una caricia que apenas que me imaginaba no era mía. Un escalofrío delicioso me recorrió la piel, transformándose en un calor creciente entre mis muslos.
    
    Mis rodillas siempre han sido mi punto débil, un portal secreto hacia el placer. Cada roce despierta en mí una lascivia inexplicable, una necesidad ardiente que se enciende con el más mínimo estímulo. Cuando me las toco, cuando las beso, es como si mi propio cuerpo me respondiera con un susurro de deseo, invitándome a perderme en la sensación.
    
    Saqué mi teléfono y miré nuestra foto. Nos veíamos increíblemente bien juntos.
    
    Un mensaje entró en la pantalla:
    
    “¿Me envías la foto, por favor?”
    
    Sonreí y la envié de inmediato.
    
    Minutos después, llegó mi turno de hablar. Me dirigí al podio con el corazón latiendo rápido. Evité mirar a la audiencia, fijé la vista en mis notas. Sabía que todos me observaban, pero ...
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