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Capítulo 8: Ecos de Entrega y Traición
Fecha: 21/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos
... quiero tcarte, quiero sentir tus cuerpo en mis manos, quiero que me hecete venir perrita. Claudia se detuvo, sabiendo que había llegado el momento de ofrecerse. —Antes de que hagamos algo, debo pedir permiso a mi amo —dijo, su voz temblorosa. El repartidor asintió, su excitación palpable. —Claro, pídele permiso. Claudia marcó el número de Javier, poniendo el teléfono en altavoz como el le habia indicado que hiciera. Su corazón latía con fuerza, y sus manos temblaban mientras esperaba la respuesta. El repartidor, aún excitado y ansioso, la miraba con deseo, esperando su turno. —Hola, amo —dijo Claudia, su voz temblorosa pero obediente sometida entraba en panico—. El repartidor está aquí y... y quiero tu permiso para que me posea. Javier respondió con una voz fría y dominante. —¿Quieres que llenen tu orto de leche, perra? Claudia tragó saliva, sintiendo una ola de humillación y vergüenza. —Am... amo, me tienes abandonada y necesito tenerla dentro —respondió, su voz apenas un susurro lleno de vergüenza y asco por lo que estba haciendo y el riego que corria. Javier se rio, un sonido cruel y burlón. —Sabes que solo yo te lleno, puta. No tienes permiso. No te lo mereces. Claudia asintió, sintiendo lágrimas de frustración y vergüenza en sus ojos. —Está bien, amo. Seré solo para ti —respondió, colgando la llamada. El repartidor, al escuchar la conversación, perdió los papeles. —¿Qué mierda pasa aquí? —exclamó, su voz llena de frustración y ...
... lujuria—. ¿Me calientas y ahora me dices que no? ¿Crees que me voy a ir así? Claudia dio un paso atrás, sintiendo una oleada de terror. El repartidor se abalanzó hacia ella, sus intenciones claras. Justo en ese momento, Mariana salió del armario, interponiéndose entre Claudia y el repartidor. —Quieto ahí —dijo Mariana, su voz firme y autoritaria—. No la toques. El repartidor, sorprendido por la aparición de Mariana, se detuvo, pero su excitación y frustración eran evidentes. —¿Y tú quién eres? —preguntó, su voz ronca. Mariana no respondió, se arrodilló frente a él y, con movimientos rápidos y decididos, le bajó los pantalones, exponiendo su pene. Claudia, en shock, observaba la escena con una mezcla de terror y excitación. Veía a Mariana, su amiga, arrodillarse frente al repartidor, bajarle los pantalones con una determinación feroz. El pene del repartidor, grueso y grande, quedó expuesto, y Claudia, que solo había visto dos penes en su vida, ambos diminutos, quedó impactada por la visión. Su corazón latía con fuerza, y una oleada de calor recorrió su cuerpo, mezclando miedo y deseo. Mariana, sin dudar, tomó el pene del repartidor en su boca, comenzando a chuparlo con movimientos firmes y rítmicos. El repartidor gimió de placer, sus manos agarrando el cabello de Mariana mientras ella lo masturbaba con una mano, sintiendo cómo su excitación crecía. —Joder, sí —gimió el repartidor, sus caderas moviéndose al ritmo de los movimientos de Mariana—. Sí, así, puta. ...