1. Capítulo 8: Ecos de Entrega y Traición


    Fecha: 21/08/2026, Categorías: Grandes Series, Autor: Gregor, Fuente: TodoRelatos

    ... la cámara. Mariana podía ver todo, cada detalle, cada pliegue, cada rincón de su intimidad. La vagina de Claudia, perfecta y hermosa, brillaba con la humedad, los labios hinchados y separados, invitando a la penetración. El clítoris, ahora completamente visible, palpitaba, pidiendo atención. Mariana sentía cómo su propio cuerpo respondía, cómo su sexo se contraía de deseo, cómo su respiración se volvía irregular.
    
    —Mi cuerpo, amo, está aquí para ti. Para que lo toques, lo poseas, lo uses como quieras. Soy tu puta, y mi cuerpo entero es tuyo para hacer con él lo que desees —finalizó Claudia, sus palabras resonando en la habitación como un eco de sumisión y deseo.
    
    En la cuarta y última pose, Claudia se puso de lado, con una pierna ligeramente levantada, ofreciendo una vista lateral de su sexo y su culo. Mariana podía apreciar la curva de su cadera, la suavidad de su piel, y la perfección de su sexo desde otro ángulo. Los labios de su vagina se veían hinchados y húmedos, y el ano, pequeño y apretado, se contraía ligeramente, añadiendo un toque de perversión a la escena.
    
    —Desde este ángulo, amo, puedes ver mi culo y mi coño. Puedes ver cómo estoy lista para ti, cómo mi cuerpo te pertenece. Usa mi culo, usa mi coño, soy tuya para hacer con mí lo que quieras —dijo Claudia, su voz temblando de emoción y sumisión.
    
    Mariana, mientras observaba, discretamente se tocó sobre la ropa, sus dedos presionando suavemente su sexo a través de la tela, intentando aliviar la tensión ...
    ... que la consumía. La sensación de su propia humedad, el calor de su sexo, solo aumentaba su deseo por Claudia, haciendo que su mente se nublara de lujuria y necesidad.
    
    —Aquí está tu puta, amo —dijo Claudia con voz quebrada—. Todo es tuyo. Puedes hecermelo cuando quieras. Donde quieras.
    
    Claudia se puso en la posición final que Javier había exigido: de rodillas, con el culo elevado, el sexo abierto, ofreciéndose completamente. Mariana no podía dejar de mirarla, no podía dejar de sentirse excitada. Mientras Claudia mantenía la posición, Mariana, discretamente, se tocó sobre la ropa, sus dedos presionando suavemente su sexo a través de la tela, intentando aliviar la tensión que la consumía. Claudia, ajena a lo que Mariana estaba haciendo, seguía en su trance de humillación y sumisión.
    
    —¿Está bien? —preguntó Claudia, con los ojos cerrados, lágrimas silenciosas cayendo por sus mejillas.
    
    —Sí —respondió Mariana, con voz tensa, tratando de controlar su propia respiración acelerada—. Está perfecto. Envíalo.
    
    Claudia envió el video, sabiendo que, con cada imagen, se alejaba más de sí misma, pero acercándose un poco más a la venganza.
    
    Y Mariana, mientras guardaba el teléfono, miró a Claudia, que se vestía con manos temblorosas, y no pudo evitar una pregunta que se clavó en su mente:
    
    ¿Y si todo esto no termina con Javier… sino conmigo?
    
    Claudia envió el video. Con un solo toque en la pantalla, el mensaje salió volando hacia Javier, llevándose consigo un trozo de su ...
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