1. La grieta


    Fecha: 25/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... invisible, con la respiración contenida; ellos, iluminados por el resplandor del televisor, unidos en una imagen que parecía intocable. Y sin embargo, lo que Sona vio no fue solo ternura: fue la sensualidad infantil inconsciente de de Amanda rozando la madurez tranquila de Cristian.
    
    Sona cerró los ojos, pero la imagen se quedó adherida en su mente como un tatuaje. Esa noche, mientras se encerraba en su habitación y se tumbaba en la cama, el calor de aquella visión volvió una y otra vez, mezclado con fantasías que no se atrevía a confesar. Y supo que la tentación había encontrado su puerta de entrada.
    
    Esa noche, cuando Cristian ya dormía, la imagen regresaba una y otra vez: Amanda acurrucada en su pecho, envuelta en una manta, encajada. Inocente, sí. Pero para ella, había sido como ver encenderse un fuego secreto. Se sentía excitada, un calor intenso le recorría el vientre mientras mordía su labio inferior. Volteó su mirada hacia Cristian y, en la penumbra, lo observó respirar profundo, ajeno a su tormenta. La tentación la atravesó de inmediato: pensó en despertarlo, en deslizar su mano bajo las sábanas y acariciarle la verga como en tantas ocasiones anteriores, buscando allí unescape a esa ansiedad húmeda que la quemaba por dentro.
    
    Contuvo el aliento un instante, miró a Cristian dormido a su lado, y luego sonrió con picardía. Se giró despacio, de espaldas a él, y deslizó la mano por debajo de su pantalón de dormir. El roce fue suficiente para arrancarle un ...
    ... suspiro. Sus caderas se alzaban apenas con el movimiento de sus dedos, sus piernas torneadas se abrieron en busca de espacio, su cintura se curvó bajo la tensión, y sus tetas —grandes, naturales, algo vencidas por la gravedad— se mecían suavemente con cada jadeo, como si también participaran del secreto placer que iba creciendo dentro de ella. Sintió su clítoris palpitando entre sus dedos, sensible y húmedo, y no pudo evitar que un pensamiento la atravesara con perverso contraste: en apenas unas horas, al despertar, estarían todos en la iglesia.
    
    No había prisa. Sona se tocaba como quien se conoce desde siempre, explorando su cuerpo con la alegría de una mujer que no siente culpa de su propio placer. Cerró los ojos y la imagen volvió: Cristian, fuerte y protector; Amanda, la bebe tibia contra su pecho… y ella, desde el pasillo, observando, ardiendo.
    
    El orgasmo llegó en oleadas, obligándola a morder la almohada para no despertarlo. Se estremeció, con la espalda arqueada, y al terminar quedó tendida, sonriendo como una niña traviesa.
    
    Abrió los ojos y miró a Cristian, aún dormido, ajeno a todo. Y pensó, con la tranquilidad de quien no carga secretos:mañana se lo cuento. Porque Sona no temía a la verdad de su cuerpo; al contrario, celebraba poder compartirla.
    
    La mañana entró tibia por la ventana. Cristian ya estaba levantado, con el torso desnudo y el pantalón flojo de pijama, preparando café en la cocina. Sona lo observó desde el marco de la puerta, apoyada con los brazos ...
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