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La grieta
Fecha: 25/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... cruzados. Sonrió: le gustaba mirarlo así, sin poses, con la calma de lo cotidiano. —¿Dormiste bien? —preguntó él al verla entrar. —Más o menos… —respondió ella, ladeando la cabeza con un gesto travieso—. Aunque tuve una noche bastante… intensa. Cristian arqueó una ceja, divertido. —¿Intensa? ¿Y yo me la perdí? Sona se acercó despacio, le acarició el hombro y bajó la voz como si compartiera un secreto delicioso. —Me toqué —susurró—. Aquí, a tu lado, mientras dormías. Él soltó una risa suave, entre sorprendido y excitado. —¿En serio? ¿Y no me despertaste? —No quise —dijo ella, con una sonrisa maliciosa—. Fue… mío. Una de esas ganas que no se negocian. —Me hubieras sacado la leche —le contestó él, con una dureza que le erizó la piel—. Eres una zorra. Cristian la abrazó por la cintura, acercándola hacia él. Le gustaba esa transparencia, esa libertad con la que ella hablaba de su cuerpo. Sin embargo, Sona, al sentirlo tan cerca, bajó la mirada y dejó que un tono distinto, más vulnerable, se le escapara. —Es que no me alcanza para lo que quiero… —murmuró, con un dejo de tristeza. Cristian la miró con seriedad, tratando de descifrar más allá de sus palabras. —¿Qué es lo que quieres, Sona? —preguntó con voz baja, cargada de una paciencia inquieta. Ella bajó la mirada, con un gesto que mezclaba melancolía y una represión apenas sostenida. Los labios se le curvaron en una sonrisa débil, como si quisiera suavizar lo que en realidad pesaba en su interior, ...
... pero en los ojos había un brillo húmedo que la delataba: quería más de lo que se atrevía a decir en voz alta. Ella se mordió el labio, sin responder de inmediato. Lo abrazó fuerte, escondiendo la cara en su pecho. No era que no amara lo que tenía: era que algo en su interior pedía más. Más de la vida, más de su cuerpo, más de sí misma. —Todavía no lo sé —confesó finalmente—. Pero sé que no quiero seguir apagando esa parte de mí. La familia se alistó temprano: Vistieron a Amanda con un vestido ligero, Sona con una blusa ajustada que dejaba ver la curva natural de sus pechos generosos, Cristian con su camisa planchada. El trayecto a la iglesia era corto, apenas unas cuadras caminando. Cristian avanzaba junto a ellas, escuchando las conversaciones sueltas, pero su mente estaba en otra parte. La confesión de Sona lo había dejado dando vueltas.No me alcanza para lo que quiero… La frase se le repetía con un eco que no podía callar. ¿Qué era lo que ella quería? ¿Más caricias, más riesgo, más deseo? ¿O algo que él no podía darle? La amaba, la deseaba, pero también sabía que el tiempo, las rutinas y los silencios habían cambiado la forma en que se encontraban en la cama. Miró a Sona de reojo: caminaba con una sonrisa ligera, llevando el coche de Amanda, riendo de algo banal. Parecía feliz, pero en su interior escondía un fuego que a él se le escapaba de las manos. Y mientras entraban al templo, Cristian se preguntó en silencio: ¿Cómo complacer a una mujer que ya no ...