-
La grieta
Fecha: 25/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30
... sabe dónde poner sus deseos? La misa transcurría con la solemnidad de siempre: cantos pausados, rezos repetidos, miradas recogidas. Sona, sentada con Amanda sobre ella, intentaba seguir el ritmo de las oraciones, pero sus ojos vagaban entre los rostros de los jóvenes dispersos en las bancas. Y entonces lo vio. Era imposible no reconocerlo: alto, de cabello despeinado, la piel bronceada por el sol de diciembre, con ese aire despreocupado que delataba a los chicos de la fraternidad vecina. Lo había visto un par de veces entrando con otros a la casa de al lado, cargando bolsas de cerveza o tocando la guitarra en el patio. Ahora estaba allí, vestido con una camisa clara, el gesto serio que exigía la misa, pero la juventud latiéndole en cada movimiento. El corazón de Sona dio un vuelco. No era el chico en sí, era lo que representaba: un puente, una posibilidad, la primera grieta entre su mundo de obligaciones y ese otro mundo lleno de música y desenfreno que vibraba al otro lado del muro. Ella bajó los ojos al instante, mordiéndose el labio, pero no lo suficiente como para evitar que Cristian lo notara. Su pareja, rígido a su lado, siguió la dirección de su mirada y comprendió sin necesidad de palabras. El silencio se volvió espeso. Mientras el sacerdote alzaba la voz en el altar, Cristian apretó los labios, con la pregunta de la mañana anterior aún vibrando en su mente: ¿Qué es lo que quiere Sona? Y allí, viendo el brillo encendido en sus ojos al posarse ...
... sobre aquel joven, sintió un nudo que no era celos, sino una fuerza contenida. Cristian no era hombre de huir ni de replegarse; él mandaba, él guiaba, y sabía que lo que su mujer deseaba tarde o temprano lo obtendría… pero bajo sus reglas. La dominación empezó a hervir en su interior como un pacto silencioso. Y en medio de la misa, casi sin mover los labios, murmuró para sí: —Cómo extraño a mi Sona de antes, la mujer que era mía por completo… Pero la voy a traer de vuelta… a mi manera. Mi hembrita. Al terminar la misa, la gente comenzó a levantarse lentamente de las bancas, cruzando saludos y sonrisas cordiales. Cristian tomó a Amanda para salir. El joven estaba de pie junto a la puerta lateral, saludando con cortesía a una anciana que lo palmeaba en el hombro. Cuando levantó la vista, sus ojos se cruzaron con los de Sona. No hubo titubeo. Fue una mirada sostenida, franca, con esa intensidad descarada que solo tienen los muchachos que saben que atraen. Y en medio de ese cruce silencioso, un pensamiento fugaz y ardiente le atravesó la mente:¿Cuánta leche tendrá este muchacho? Ella sostuvo el contacto un instante más, hasta que sintió que Cristian tiraba de su brazo, reclamando su atención. Pero fue tarde: el muchacho ya se había acercado. —Buenas tardes —dijo, con una sonrisa educada, inclinando apenas la cabeza—. Creo que somos vecinos. Los he visto por allá, en la casa de al lado. La mirada, sin embargo, se clavó en Sona con un descaro hiriente, recorriéndola de ...