1. La grieta


    Fecha: 25/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... arriba abajo como se mira a una puta, despojándola de cualquier formalidad en un segundo.
    
    Cristian asintió con un gesto rígido, apenas cortés.
    
    Sona, en cambio, notó el detalle: la mirada de él nunca se apartó de la suya, incluso mientras hablaba al conjunto de la familia. Había un magnetismo explícito, descarado, como si la conversación entera estuviera dedicada solo a ella.
    
    —Sí —respondió Sona, con una voz más suave de lo que esperaba—, vivimos justo ahí.
    
    —Entonces estamos más cerca de lo que pensaba —replicó él, dejando que las palabras quedaran suspendidas, como una invitación velada.
    
    Cristian carraspeó y dio un paso hacia adelante, cortando la tensión con un “mucho gusto” seco. El muchacho se despidió con una sonrisa rápida, pero antes de marcharse, sus ojos volvieron a encontrarse con los de Sona. Y esa segunda mirada fue aún más larga, más clara: una promesa. Cristian, entonces, giró hacia ella con una mirada penetrante e inquisidora, como si quisiera arrancarle la verdad en silencio, como si la desnudara con solo los ojos.
    
    Esa tarde, de vuelta en casa, Amanda dormía y Cristian encendió el televisor como de costumbre. Estaba desnudo, despreocupado, como si su piel misma formara parte del descanso; su cuerpo era firme, con un pecho ancho que aún guardaba la fuerza de sus años de obrero, el vello oscuro extendiéndose en un camino natural hacia una verga grande que reposaba entre sus muslos abiertos. Para Sona, esa visión era muy especial, un ...
    ... recordatorio brutal de que la vida que compartían se sostenía también en ese cuerpo que conocía tan bien, pero que ahora parecía más ajeno, más provocador. Se refugió en la cocina, preparando café, aunque sus manos se movían solas, mecánicas, mientras su mente se mantenía en otro lugar, atrapada en la maraña de imágenes que no lograba expulsar de sí.
    
    El joven. Su sonrisa descarada. Esa segunda mirada.
    
    Se dejó caer en la silla junto a la ventana, con la taza entre las manos. Cerró los ojos apenas un instante y lo imaginó entrando en la casa de la fraternidad, esperándola en el patio con esa seguridad insolente. Lo vio acercarse despacio, sujetarle la cintura, bajar la voz hasta rozarle la oreja con un“te estaba esperando”.
    
    El calor le subió por el pecho, le tensó los pezones bajo la blusa. Cruzó una pierna sobre la otra, y en ese gesto sintió el roce húmedo que confirmaba que ya estaba ahí: deseándolo.
    
    —¡Sona! —la voz de Cristian llegó desde la sala, firme pero serena.
    
    Ella respiró hondo antes de salir de la cocina, con la taza aún en la mano. Lo encontró recostado en el sofá, con los brazos abiertos como si la esperara. Tenía el televisor encendido, pero lo había puesto en silencio.
    
    —¿Qué pasa? —preguntó ella, aunque sabía muy bien de qué se trataba.
    
    Cristian la observó en silencio unos segundos. Sonrió apenas, con esa mezcla de ternura y malicia que tanto lo caracterizaba. Luego lo dijo, sin rodeos:
    
    —Lo noté, Sona. En la misa. La forma en que lo miraste… —hizo ...
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