1. La grieta


    Fecha: 25/08/2026, Categorías: Incesto Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... una pausa breve, como si le saboreara el peso a cada palabra—. Te lo quieres coger, ¿verdad?
    
    El corazón de ella se detuvo un instante. Lo miró a los ojos, sorprendida por la crudeza y, al mismo tiempo, fascinada por la libertad que había en su voz. No había juicio, no había celos. Solo un compañero fiel, un amante y un amigo que la conocía demasiado bien.
    
    Sona dejó la taza sobre la mesa y se sentó a su lado. La sonrisa le nació sola, lenta, mientras ladeaba la cabeza y jugueteaba con el borde de su falda.
    
    —Sí —respondió al fin, sin evasivas, con la honestidad que la quemaba por dentro—. Me lo quiero coger. Lo dijo mientras pasaba una mano por su vagina, con los dedos temblorosos pero ansiosos, acariciándose como si al pronunciar esas palabras su cuerpo exigiera confirmarlas con placer.
    
    Cristian soltó una risa baja, contenida, y pasó su mano por la pierna de ella, apretándola con suavidad.
    
    —Entonces… —murmuró, inclinándose hacia su oído—, habrá que ver cómo hacemos para que lo consigas.
    
    La casa estaba en calma. Amanda seguía dormida, y en la sala, Sona y Cristian con una copa de vino en la mano. La luz cálida de la lámpara los envolvía en una penumbra cómplice.
    
    Cristian la miró fijamente, con esa sonrisa que decía más que cualquier palabra.
    
    —Ya lo decidiste —dijo él, acariciándole la rodilla—. Ahora falta lo más sencillo: dar el primer paso.
    
    Sona mordió su labio inferior. El eco de la misa, la mirada del joven, todo volvía a encenderla.
    
    —¿Y si me ...
    ... acerco mañana? —preguntó, en voz baja, como si temiera romper el pacto secreto.
    
    Cristian asintió despacio, deslizando sus dedos hasta su muslo.
    
    —Mañana —repitió, con firmeza—. No más fantasías. Lo saludas, le sonríes… y dejas que te lea en los ojos lo que ya ardes por decirle.
    
    Sona levantó la copa, chocándola suavemente contra la de Cristian.
    
    —Mañana —susurró, con una chispa peligrosa en los ojos.
    
    A la mañana siguiente, Cristian ya había salido. Sona permanecía en casa con Amanda cuando escuchó voces en la calle. Desde la ventana lo vio: el joven, con una mochila al hombro, riendo con dos amigos antes de despedirse de ellos.
    
    El corazón le golpeó fuerte. No dudó. Salió
    
    —Hola —dijo ella, firme, sosteniendo su mirada.
    
    Él se sorprendió apenas un instante, luego sonrió como si lo hubiera esperado.
    
    —Hola… Sona, ¿verdad? —respondió, mostrando que ya la había registrado más de una vez.
    
    Ese reconocimiento la atravesó. Ella asintió, con una sonrisa lenta, casi peligrosa.
    
    —Sí…
    
    El silencio breve entre ambos ardió más que cualquier palabra.
    
    Sona no lo pensó demasiado. Lo invitó con un gesto hacia su casa.
    
    —Pasa, si quieres. Estoy con mi hija nada más, Cristian salió temprano.
    
    El joven dudó apenas un segundo, pero su sonrisa lo delató. Entró, mirando de reojo el interior modesto, la calidez del hogar. Amanda estaba en la sala, entretenida en una cuna
    
    —Muy bonita tu casa —dijo él, educado, con esa voz grave que se le quedó vibrando a Sona en ...
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