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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... viene a continuación. Lo deseo con una intensidad que me sorprende. El sonido de tacones en el pasillo rompe el momento. Ambos nos giramos hacia la puerta. Y ahí está Fresita, en todo su esplendor. Un vestido de seda rosa pálido salpicado de pequeñas fresas bordadas en hilo escarlata, que se ciñe en los lugares precisos. La melena cobriza cae en ondas suaves sobre sus hombros, y el maquillaje, digno de una artista de cine, transforma sus facciones. Se detiene en el umbral, una visión que quita el aliento. —Espero no interrumpir —dice con esa voz melodiosa que no es completamente de Fabrice ni completamente inventada. Vicente se pone de pie con una elegancia que me sorprende. Se acerca a Fresita, toma su mano y, en un gesto que me deja boquiabierta, la lleva a sus labios para besarla suavemente. —En absoluto —responde, su voz más grave, más íntima—. De hecho, la fiesta acaba de empezar. Observo la escena con una mezcla de asombro y excitación. La forma en que Vicente mira a Fresita, con una admiración que va más allá del simple deseo. La manera en que Fresita responde, con una confianza que solo aparece cuando se siente verdaderamente aceptada. —Lali me estaba contando que os conocéis —digo, uniéndome a ellos. Fresita me lanza una mirada de sorpresa que rápidamente se transforma en complicidad. —Así es —confirma, ajustándose un mechón de la peluca—. Aunque nunca habíamos sido formalmente presentados. —Un placer subsanar esa omisión —responde ...
... Vicente, sin soltar su mano—. Debo decir que ese vestido te sienta aún mejor de cerca. Fresita suelta una risita que es pura coquetería. —Merci beaucoup —responde, haciendo una pequeña reverencia—. Elegido especialmente para la ocasión. La tensión en el aire es casi palpable, una mezcla embriagadora de deseo, curiosidad y posibilidades. Los tres nos miramos, conscientes de que estamos al borde de algo extraordinario. —¿Pasamos a la mesa? —sugiero, rompiendo el hechizo momentáneamente—. La cena se enfriará. —Por supuesto —responde Vicente, ofreciendo un brazo a cada una—. Aunque debo confesar que mi apetito va más allá de la comida esta noche. Nos dirigimos al comedor, Fresita a su derecha y yo a su izquierda, como una extraña pero perfecta trinidad. La noche apenas comienza, y ya ha tomado un giro inesperado que promete experiencias que ninguno de nosotros olvidará jamás. Mientras Fresita sirve el vino con movimientos elegantes y yo traigo los platos de la cocina, intercambiamos miradas cargadas de promesas. En este momento, a mis sesenta y cuatro años, me siento más viva que nunca. Y por las sonrisas en los rostros de Vicente y Fresita, sé que ellos sienten exactamente lo mismo. Finalmente, la cena ha sido un éxito. Entre risas, vino y confidencias compartidas, los tres hemos creado una burbuja íntima donde el tiempo parece suspendido. Ahora, con los platos vacíos y las copas a medio terminar, hay una expectación flotando en el aire, espesa como la ...