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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... barrio, de libros, de viajes. Vicente resulta ser tan fascinante como había imaginado: culto sin ser pretencioso, divertido sin caer en lo vulgar, y atento de una manera que hace que me sienta constantemente deseada. Y lo más curioso es cómo interactúa con Fabrice, con una familiaridad que parece trascender este primer encuentro formal. Después de la segunda copa, cuando la tensión inicial se ha disuelto en risas y anécdotas compartidas, Fabrice se pone de pie con cierta dificultad. —Si me disculpáis —dice, ajustándose las gafas—, tengo que comprobar algo en la cocina. Mientras desaparece por el pasillo, me quedo a solas con Vicente. Su rodilla roza la mía, un contacto aparentemente casual que envía ondas de calor por mi pierna. —Tu marido es... interesante —comenta, girándose ligeramente hacia mí. —No te imaginas cuánto —respondo, sintiendo un cosquilleo anticipatorio—. Está lleno de sorpresas. Vicente sonríe, y hay algo en esa sonrisa que me desconcierta. Como si supiera algo que yo ignoro. —Lali —dice, su voz bajando a un tono más íntimo—, antes de que la noche avance más, hay algo que debería decirte. Mi corazón da un vuelco. ¿Va a echarse atrás? ¿Ha malinterpretado nuestras intenciones? —¿Sí? —logro articular, preparándome para lo peor. —Ya conozco a Fresita —dice simplemente. El mundo se detiene por un segundo. Mi mente intenta procesar esta información inesperada. —¿Qué? —es todo lo que consigo decir. Vicente toma un sorbo de ...
... vino, sus ojos nunca abandonando los míos. —Nos hemos cruzado algunas veces en el rellano —explica con calma—. La primera vez fue hace unos meses, cuando volvía de una de sus... salidas. Tuvimos una conversación breve pero intensa. Desde entonces, hemos coincidido otras veces. —Pero... ¿por qué no dijiste nada en el gimnasio? —pregunto, aún procesando esta revelación. —Porque no estaba seguro de si tú sabías —responde—. No quería crear problemas si Fabrice mantenía esa parte de su vida en secreto. Suelto una carcajada que sorprende incluso a Vicente. —¿Problemas? —repito, entre risas—. Fabrice y yo no tenemos secretos. Fui yo quien le ayudó a elegir ese vestido de fresas. La tensión se disuelve en una risa compartida. Vicente se relaja visiblemente, como si se hubiera quitado un peso de encima. —En ese caso —dice, acercándose más a mí—, supongo que esta noche será aún más interesante de lo que esperaba. Su mano encuentra la mía sobre el sofá, sus dedos entrelazándose con los míos en una promesa silenciosa. El contacto envía una corriente eléctrica por mi brazo. —¿Y qué piensas de Fresita? —pregunto, curiosa por conocer su reacción ante el alter ego de mi marido. La sonrisa de Vicente se vuelve más íntima, casi depredadora. —Pienso que es fascinante —responde, su pulgar trazando círculos en mi palma—. Tan fascinante como tú. Estamos tan cerca que puedo sentir su aliento cálido en mi mejilla. Sus ojos se desvían hacia mis labios, y sé lo que ...