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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... mano—. La noche apenas comienza. Respiro hondo, me aliso el vestido y me dirijo a la puerta. Con cada paso, siento cómo mi corazón late más rápido. No es solo deseo lo que siento; es la emoción de lo prohibido, de lo inesperado, de estar a punto de cruzar un umbral del que no hay retorno. Abro la puerta, y ahí está Vicente, más guapo de lo que recordaba. Lleva un traje azul marino que parece hecho a medida para resaltar sus hombros anchos y su cintura estrecha. Su pelo, peinado hacia atrás con estudiada despreocupación, y esa barba entrecana perfectamente recortada le dan un aire de madurez seductora que me seca la boca. En una mano sostiene una botella de vino; en la otra, un ramo de lirios blancos. —Buenas noches, Lali —dice, y su voz grave envía un escalofrío por mi columna—. Estás... deslumbrante. Su mirada me recorre de arriba abajo sin disimulo, deteniéndose un segundo de más en mi escote. No me molesta. De hecho, me complace enormemente. —Tú tampoco estás mal —respondo, haciéndome a un lado para dejarlo pasar—. Para ser un hombre que normalmente veo sudando en ropa deportiva. Su risa resuena en el recibidor mientras me entrega las flores y el vino. —Un Château Margaux 2015 —explica, señalando la botella—. Me pareció apropiado para una ocasión especial. —Vaya, un entendido —comento, genuinamente impresionada por la elección—. Esto es demasiado para acompañar un simple solomillo. —Nada es demasiado para lo que espero sea una noche inolvidable ...
... —responde, con un tono que promete mucho más que una simple cena. Lo guío hacia el salón, donde Fabrice espera de pie junto a la chimenea apagada, en una pose que intenta ser casual pero que no logra disimular su nerviosismo. —Vicente, te presento a mi marido, Fabrice —digo, observando atentamente la interacción entre ambos. Fabrice se adelanta con la mano extendida, moviéndose con cierta rigidez debido a la ropa extra que lleva puesta. —Enchanté —dice, estrechando la mano de Vicente—. Lali me ha hablado mucho de ti. Vicente sonríe, sosteniendo la mano de Fabrice quizás un segundo más de lo estrictamente necesario. —El placer es mío —responde, y hay algo en su mirada, una chispa de reconocimiento que me desconcierta—. Espero que todo lo que te ha contado sea bueno. —Oh, créeme, lo es —asegura Fabrice, con una sonrisa cómplice que me hace preguntarme qué está pasando exactamente. Hay una tensión en el aire, pero no es incómoda. Es como la electricidad estática antes de una tormenta, una promesa de energía a punto de liberarse. —¿Vino? —ofrezco, rompiendo el momento. Los tres nos sentamos en el sofá, con Vicente en el medio. Mientras sirvo las copas, observo cómo Fabrice y Vicente intercambian miradas que parecen contener una conversación silenciosa. ¿Se conocen? ¿O es simplemente esa conexión instantánea que a veces surge entre personas destinadas a entenderse? La conversación fluye con sorprendente facilidad. Hablamos de todo y de nada: del ...