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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... perfectamente peinada en suaves ondas, enmarca un rostro maquillado con tal maestría que cuesta reconocer al profesor de literatura bajo esos labios rosados y esas pestañas imposiblemente largas. Los tacones le dan una altura imponente, y camina hacia mí con una gracia que parece innata. —¿Qué te parece? —pregunta, girando sobre sí misma para mostrarme el vestido en todo su esplendor. Su voz ya no es la de Fabrice. Es más suave, más melodiosa, con ese acento francés más pronunciado que siempre usa cuando es Fresita. —Estás... —me fallan las palabras—. Dios mío, estás impresionante. Una sonrisa tímida asoma a sus labios, un gesto que siempre me desarma porque mezcla la vulnerabilidad de Fabrice con la seducción de Fresita. —¿Crees que le gustaré? —pregunta, y por un momento veo al hombre inseguro bajo el maquillaje perfecto. —Si no le gustas, es que está clínicamente muerto —respondo con sinceridad. Nos quedamos en silencio un momento, contemplándonos mutuamente. Dos personas mayores a punto de embarcarse en una aventura que muchos considerarían escandalosa. Y sin embargo, aquí estamos, más vivos que nunca. —Hay un pequeño problema —dice Fresita finalmente—. No podemos presentarme así de golpe. Podría asustarse. Tiene razón, por supuesto. Una cosa es insinuar un encuentro poco convencional y otra muy distinta es abrir la puerta con Fresita en todo su esplendor sin previo aviso. —¿Qué sugieres? —pregunto, mirando el reloj. Faltan quince minutos ...
... para las nueve. —Comenzaré siendo Fabrice —explica, quitándose los tacones—. Me pondré ropa normal sobre el vestido. Cuando sienta que es el momento adecuado, me disculparé, iré al dormitorio y volveré como Fresita. Para entonces, tú ya habrás preparado el terreno. El plan tiene sentido. Asiento, ayudándole a ponerse unos pantalones anchos y una camisa holgada sobre el vestido. El resultado es extraño —parece que ha engordado de repente— pero funcionará para el primer contacto. —El maquillaje... —comienzo a decir. —Me lavaré la cara y me pondré las gafas —responde, anticipándose a mi preocupación—. La luz tenue hará el resto. Mientras Fresita desaparece en el baño para convertirse temporalmente en Fabrice, yo me sirvo una copa de vino para calmar los nervios. El Rioja deja un rastro cálido en mi garganta, relajándome ligeramente. Fabrice regresa, ahora con el rostro lavado y sus gafas de lectura. El cambio es sorprendente: donde hace unos minutos estaba Fresita en todo su esplendor, ahora veo a mi marido de siempre, aunque con una ropa extrañamente abultada. —¿Cómo me veo? —pregunta, ajustándose las gafas. —Como un profesor que se ha comido a todos sus alumnos —bromeo, señalando lo voluminoso que parece con el vestido oculto bajo la ropa. Fabrice suelta una carcajada que se interrumpe bruscamente cuando suena el timbre. Nos miramos, súbitamente paralizados. —Es él —susurro innecesariamente. —Courage, ma lionne —murmura Fabrice, apretando mi ...