1. Tres en la terraza: una jubilada insaciable


    Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... ahora esto. No me lo creo. No-me-lo-puñetero-creo.»
    
    Mis piernas se separan por instinto cuando siento a Fresita descender por mi vientre, dejando un rastro de besos que parecen encender pequeñas llamas a su paso. La anticipación me humedece, preparándome para lo que viene.
    
    —Déjate llevar —murmura Vicente, sus dedos entrelazándose con los míos, anclándome mientras el placer amenaza con arrastrarme como una marea—. Estamos aquí contigo.
    
    Fresita se incorpora, y en ese instante veo un destello de Fabrice en sus ojos, esa mirada traviesa que conozco tan bien después de tantos años juntos. Se acomoda la peluca con un gesto delicado mientras sus labios se curvan en una sonrisa pícara.
    
    —¿Sabéis? —dice, su voz balanceándose entre la cadencia de Fresita y el tono reflexivo de Fabrice—. Lali lleva cinco años de sequía, que yo sepa.
    
    Me quedo paralizada, el calor subiendo por mi rostro como una ola. ¡El muy cabrón! Aquí estamos, los tres desnudos, y él decide sacar a relucir mi vida sexual (o la falta de ella) como quien comenta el tiempo.
    
    —¡Fabrice! —protesto, dándole un golpecito en el hombro.
    
    Pero él continúa, imperturbable, con ese tono juguetón que usa cuando está tramando algo.
    
    —Y me encantaría ver cómo Vicente te folla —añade, pasando un dedo por mi mejilla con delicadeza—. Ver cómo te hace sentir todo lo que yo ya no puedo darte de esa manera.
    
    El silencio que sigue es denso, cargado de electricidad. Miro a Vicente, esperando ver incomodidad o sorpresa, ...
    ... pero lo que encuentro me deja sin aliento: sus ojos brillan con un deseo tan puro, tan intenso, que siento cómo me humedezco aún más.
    
    —Llevo meses deseándolo —confiesa Vicente, su voz convertida en un gruñido bajo que me hace temblar—. Desde la primera vez que te vi saliendo del gimnasio, con el pelo revuelto y esa sonrisa que parecía un desafío.
    
    Mi corazón se acelera, martilleando contra mis costillas como si quisiera escapar. ¿Meses? ¿Ha estado pensando en mí durante meses?
    
    —Yo también —admito, sorprendiéndome a mí misma con mi franqueza—. Te he imaginado... así... más veces de las que me atrevería a confesar.
    
    Fresita suelta una risita satisfecha, ajustándose un mechón de su peluca roja con ese gesto tan suyo que siempre me ha parecido adorable.
    
    —Me gusta que hayáis esperado todo este tiempo —dice, acariciando mi hombro con la punta de sus dedos—. Que hayáis guardado este momento para que yo pueda verlo. Es como un regalo, ¿sabéis? Uno muy especial.
    
    Miro el rostro de mi marido, oculto tras el maquillaje perfecto de Fresita, y lo que veo me deja sin palabras. Está excitado, eso es evidente, pero hay algo más profundo en su mirada: una felicidad genuina, una alegría que va más allá del simple deseo carnal. Es la mirada de alguien que está exactamente donde quiere estar, compartiendo algo precioso con las personas que ha elegido.
    
    Un arranque de cariño, tan intenso que casi duele, me invade el pecho. Este hombre complejo, este ser que contiene multitudes, ...
«12...222324...»