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Tres en la terraza: una jubilada insaciable
Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos
... inmediatamente. —¿Y tú celebras mucho últimamente, Vicente? —pregunté, dando un paso hacia la puerta, rozando ligeramente su brazo con el mío. —No tanto como me gustaría —respondió, colocando una mano en la parte baja de mi espalda mientras salíamos, un gesto tan breve como electrizante—. Pero siempre estoy abierto a... invitaciones. Nos despedimos con una sonrisa cómplice, y durante todo el camino hasta mi puerta, sentí su mirada en mi espalda. O quizás un poco más abajo. Y lo más sorprendente es que eso me hizo sentir ese cosquilleo que hacía tiempo no experimentaba. No es solo atracción; es algo más... una conexión, una promesa de aventuras que me hace sentir como una adolescente. El sonido de la ducha cesa, devolviéndome al presente. Preparo dos copas de vino blanco helado —al diablo con la medicación de Fabrice, una copa no va a matarlo— y las llevo a la terraza. Por suerte, vivimos en un ático y nadie puede vernos, así que no hay problema en andar en braguitas al aire libre. Apenas piso el exterior, la humedad es tan alta que ambas copas quedan cubiertas por una capa de escarcha traslúcida en cuestión de segundos. Las noches de verano en Valencia son perfectas para conversaciones al aire libre, y tengo el presentimiento de que esta noche tendremos mucho de qué hablar. Fabrice aparece con el pelo húmedo y su bata azul, moviéndose con la delicadeza de quien ha tenido un encuentro intenso. Se deja caer en la silla frente a mí con un suspiro ...
... dramático. —¿Tan mal estuvo? —pregunto, ofreciéndole su copa. —Todo lo contrario —responde, tomando un sorbo con placer—. Aunque no era lo que esperaba. —¿No era el intelectual refinado de la foto de perfil? Fabrice suelta una carcajada que casi le hace escupir el vino. —Para nada. Físicamente era imponente, pero resultó ser un macho alfa heterosexual que solo quería... cómo decirlo elegantemente... vaciarse. Arqueo una ceja, intrigada. —¿Y eso te decepcionó? —Me sorprendió —corrige, con un brillo travieso en los ojos—. Me hizo arrodillarme apenas cerró la puerta de la habitación. Tenía un... —hace un gesto con las manos indicando un tamaño considerable— que apenas me cabía en la boca. —¡Fabrice! —exclamo, entre escandalizada y divertida. —Y después de correrse la primera vez, pensé que habíamos terminado —continúa, ahora totalmente enfrascado en su relato—. Pero no. Me puso a cuatro patas y comenzó de nuevo. —¿Sin descanso? —pregunto, inclinándome hacia delante con genuina curiosidad. —Ni un minuto. Creo que había tomado Viagra o algo similar —dice Fabrice, meneando la cabeza con una mezcla de asombro y orgullo—. Apenas terminó la primera vez, se puso otro preservativo, añadió más lubricante y volvió a la carga. —¡Menuda resistencia! —exclamo, imaginando la escena—. ¿Y tú aguantaste? Fabrice suelta una risita casi juvenil. —¿Qué remedio? Aunque después de un rato, me dio la vuelta. Dijo que quería verme la cara. —¡Qué romántico! —bromeo, ...