1. Tres en la terraza: una jubilada insaciable


    Fecha: 26/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Lucas 2304, Fuente: TodoRelatos

    ... dándole un golpecito en la rodilla.
    
    —De romántico nada —replica, con los ojos brillantes de excitación al recordarlo—. Me agarró por los tobillos, me levantó las piernas y estuvo otros veinte minutos con el mete-saca mientras me decía unas obscenidades que harían sonrojar a un marinero.
    
    No puedo contener la carcajada.
    
    —¡Fabrice! Y yo que pensaba que eras tú el profesor de literatura. ¿Qué clase de vocabulario utilizaba este caballero?
    
    —El tipo de palabras que no aparecen en ningún diccionario académico, te lo aseguro —responde, uniéndose a mi risa—. Me llamaba su... bueno, no puedo ni repetirlo sin sonrojarme.
    
    —¡Vamos! Que a estas alturas no me voy a escandalizar.
    
    Fabrice se inclina como si fuera a contarme un secreto de estado.
    
    —Me llamaba su «putita francesa» y me decía que me iba a «reventar el culo» hasta que no pudiera caminar en una semana —susurra, con las mejillas encendidas pero una sonrisa de satisfacción imposible de ocultar.
    
    Ambos estallamos en carcajadas, tan fuertes que tengo que secarme las lágrimas.
    
    —¿Y funcionó? Porque viendo cómo caminas... —señalo, con una sonrisa pícara.
    
    —Digamos que cumplió su promesa —admite, con una mueca que es mitad dolor, mitad deleite—. Pero lo más sorprendente es que, a pesar de su brutalidad... o quizás por ella... yo tuve dos orgasmos.
    
    —¡No me lo creo! —exclamo, genuinamente impresionada.
    
    —Te lo juro. El primero mientras me tenía a cuatro patas, y el segundo cuando me estaba mirando a los ...
    ... ojos, diciéndome todas esas barbaridades. Fue... liberador.
    
    No puedo evitar reírme. Mi marido, el respetable profesor jubilado, hablando de sus aventuras sexuales como si estuviera en un concurso musical en televisión. Es absurdo y perfecto a la vez.
    
    Fabrice suspira y deja la copa en la mesa. Se pasa una mano por el pelo húmedo, con ese gesto distraído tan suyo que siempre me ha parecido adorable.
    
    —Mon Dieu, creo que ya está bien de... cómo decirlo...bites por hoy —dice con ese acento francés que se intensifica cuando está relajado—. Ahora me apetecería algo más... delicado. Un plato más sutil para el paladar.
    
    Sus ojos, de ese azul grisáceo que parece cambiar con la luz, me miran con una intensidad que conozco demasiado bien. Sé exactamente de qué me habla. Y mi cuerpo responde antes que mi mente, un cosquilleo anticipatorio entre mis piernas.
    
    —¿Aquí? —pregunto, echando un vistazo a nuestro alrededor, aunque sé perfectamente que nadie puede vernos. Nuestra terraza es un nido de águilas sobre Valencia.
    
    —¿Por qué no? —responde, levantándose con esa elegancia pausada tan suya—. La noche es perfecta y tú... —se detiene frente a mí, inclinándose hasta que su aliento acaricia mi oído— tú eres exquisita.
    
    Me relajo en la silla, dejando caer la cabeza hacia atrás. «Fabrice y sus cunilingus... madre mía, si algo sabe hacer este hombre es usar esa lengua educada para los placeres más indecentes. Y mira que he conocido hombres en mi vida —demasiados quizás, algunos por ...
«12...456...26»