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Vacaciones en Japón
Fecha: 30/08/2026, Categorías: Hetero Autor: Anónimo, Fuente: RelatosEróticos
... eso en la cabeza e intentando hacerlo todo bien, me quité la ropa, la dejé en un cesto que había y lo cambié por la toalla que había dentro; toalla minúscula, por cierto, a duras penas podría taparme el culo si quisiese. Para mí tampoco es un problema la desnudez entre hombres, lo normal en los gimnasios en los que he estado, así que realicé todo el «protocolo» hasta que puse un pie en el agua. ¡Pero que quieren escaldarme! Estaba ardiendo, no sé cómo podían aguantar dentro. Hasta ese momento ni me había fijado en nadie, muy pendiente de seguir los pasos. Pero al ver lo caliente que estaba y sacar el pie, me di cuenta que todo el mundo me miraba; parece que lo de no quedarse mirando fijamente era para los extranjeros. Me fijé que yo era realmente más grande que todos los presentes y que no había occidentales. Me armé de valor y al final conseguí entrar. Después de unos minutos era relajante, pero no aguanté los 10 minutos y salí a esperar a las mujeres fuera. Ellas salieron 10 minutos más tarde que yo muy sonrientes; parece que lo habían disfrutado más que yo. Al siguiente día Naoko vino a buscarnos pronto, como siempre, y después de desayunar nos dijo que hoy tocaba viaje. Dejaríamos el hotel, llevaríamos las maletas a su casa, cogiendo ropa para 2 días en unas mochilas, e iríamos al tren. Así que eso hicimos, recogimos todo, fuimos en taxi a casa de Naoko y allí, en unas mochilas que ella nos dio, metimos la ropa para un par de días. Los 3 nos metimos en otro taxi y nos ...
... llevó a la estación. Allí Naoko nos dijo que iríamos al norte, a un hotel tradicional japonés, que está en un pueblo en el que había muchos artesanos y se podía ver como trabajaban. Siguió contando cosas que no recuerdo porque en ese momento nos señaló el tren en el que íbamos a ir. ¡Era un Shinkansen! ¡Un tren bala! Yo ya, como ingeniero, no presté mucha atención a nada de lo que decía Naoko, ni durante el viaje; de vez en cuando la preguntaba algo sobre el tren y seguía mirándolo todo. Creo que se dieron cuenta porque de vez en cuando me miraban y se reían. Llegamos a nuestra estación, me despedí del precioso tren, y seguimos a Naoko. Esta vez no íbamos a coger un taxi, sino alquilar un coche. Naoko me preguntó si queríamos conducir, pero con eso de conducir por el otro lado y que no entendíamos las señales indicativas, preferimos que lo hiciese ella. El coche era realmente pequeño, básicamente era un cubo con ruedas, pero entrabamos bien los 3. Después de unos 40 minutos de viaje llegamos por un caminito al pie de una casa típica japonesa. Un sitio precioso, rodeado de árboles. Nos recibió una señora que aparentaba tener 100 años, al menos por fuera, porque se movía con mucha agilidad. La señora solo hablaba japonés, así que hablaba con Naoko y nosotros la seguíamos por la casa. Las paredes parecían de papel y todo eran puertas correderas. Nos llevó a lo que dijo que era nuestra habitación, aunque no había cama, solo más puertas correderas. Como aún no habíamos comido, ...