1. La bibliotecaria y su secreto (1)


    Fecha: 30/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carloss, Fuente: CuentoRelatos

    No sé qué pensarán ustedes queridos lectores, pero hay experiencias en la vida que nos marcan para siempre. Cuando leemos relatos y narraciones de diferentes personas podemos adivinar que detrás de sus historias existen deseos incontrolados, fantasías insatisfechas, experiencias inolvidables y secretos inconfesables que si no fueran escondidos tras un apodo, más de uno sería incapaz de dar rienda suelta a su imaginación.
    
    Lo importante de todo ello es que cada historia esconde muchos fragmentos de nuestro ser. De ahí que seamos tantos los que disfrutemos de los relatos de los demás. En mi caso en cuestión les contaré una experiencia que ocurrió muchos años atrás. Más concretamente en mi último año de facultad y que evidentemente me marcó para el resto de mi vida.
    
    Todo empezó en el primer trimestre del curso. Acababa de romper una relación de 9 meses con una chica, más interesada en ir de fiestas que en estar a solas conmigo. Sobra decir que a esa edad mis hormonas estaban por las nubes y reconozco que pensaba a todas horas en el sexo. Era como válvula de escape a tantas horas de estudio. El único problema estribaba en que aquella chica no seguía ni de cerca el ritmo que yo marcaba.
    
    Como no podía ser de otra forma acabó mandándome a un “lugar muy lejano” que no voy a mencionar y me quedé sin novia y sin sexo. Pasaron semanas en las que vagaba como zombi por la universidad. Ni tan siquiera el deporte con los amigos calmaba mi desasosiego. Como tantas otras veces me ...
    ... recluía en la biblioteca a estudiar e imaginarme mil y una historias de encuentros amorosos.
    
    Uno de esos días, tuve que sentarme en una de las mesas cercanas a la de la bibliotecaria y eso significaba que, en caso de estar acompañado de un amigo, nuestras conversaciones serían rápidamente sancionadas por ésta. Pero tan pronto como tomé asiento en aquellas sillas tan “cómodas” fijé mi mirada en la mesa de la directora de todo aquel enorme conjunto de libros del saber humano.
    
    Comprobé que no era la mujer de días anteriores. Esta chica en cuestión era más joven. Imagino que rondaría los 35 años aproximadamente. No es que llamara excesivamente la atención, pero siempre me quedo con la cara de las personas y me gusta estudiar la fisonomía de cada una de ellas, con sus defectos y virtudes. Imagino que si pintara bien sería un estupendo retratista.
    
    La chica se sentaba erguida delante de su ordenador con rostro concentrado. Su cara era totalmente ovalada y unas pequeñas gafitas rectangulares le daban un toque de intelectualidad. Los ojos no eran demasiado pequeños, pero sí su boca, cuyos labios bien formados se entreabrían cada cierto tiempo mientras tecleaba frente a la pantalla. Lo que más llamaba la atención era que llevaba el cabello recogido en una especie de moño. El color era caoba y todo el pelo quedaba perfectamente recogido hacia atrás. Yo no dejaba de mirar cada detalle suyo. Vi que unas pequeñas manos regordetas eran las que hábilmente repiqueteaban sobre el teclado. ...
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