1. La bibliotecaria y su secreto (1)


    Fecha: 30/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carloss, Fuente: CuentoRelatos

    ... un alma en el lugar. Con la radio de fondo volvió a besarme.
    
    Ella misma se desabrochó su camisa y entonces no dudé a su invitación. Metí la mano en su interior y masajeé sus tetas, firmes y voluminosas. Ella no paraba de besarme mientras le desabrochaba su sujetador para liberar aquellas dos maravillas. Su piel era blanca y sus aureolas oscuras y de tamaño exagerado. Justo en el centro estaban dos pequeños pezones erectos y rojos como las fresas. La mordí y saboreé el calor de sus pechos. Ella gemía de placer y en seguida buscó mi paquete.
    
    Me abrió la cremallera y se metió mi pene tieso en la boca. Sus tetas descansaban en mis piernas y su boca se deslizaba de arriba abajo acompasadamente. De vez en cuando levantaba la mirada buscando mi aprobación y ahora era yo el que gemía de gusto. Le cogí su cabeza, acariciando su pelo mojado y encendí la luz del coche para apreciar su mamada. Aquello me excitaba un montón. La vi allí, invadida por el éxtasis, con la mirada perdida mientras chupaba mi enrojecida polla. Su pequeña boca engullía una y otra vez dejando casi invisibles sus labios. Sólo podía verse una tremenda verga entrando y saliendo de su cara redondeada.
    
    Estaba a punto de llegar al final y no quería terminar así. Entonces la levanté y le volví a besar sus senos mientras daba descanso a mi desesperado órgano que gritaba por estallar. Quise meterle mi mano en su entrepierna, pero ella me paró en seco. Sorprendido por aquello ví que en seguida ella misma se ...
    ... bajaba sus pantalones seguidos de sus bragas. Luego se sentó a bocajarro sobre mí penetrándome hasta el fondo. Echamos el asiento hacia delante todo lo que pudimos para que su gran culo pudiera trabajar a gusto. Le arranqué la camisa y sus tetas salieron disparadas hacia mi cara.
    
    Ella movía sus caderas una y otra vez de delante a tras y algunas veces giraba en redondo dejándome disfrutar de sus cachetes. Le apretaba el culo con mis manos e incluso llegué a tocarle su agujero trasero. Ella ya no gemía, sino que soltaba tremendos griticos de placer que hicieron que se le soltara su cabello mojado. No era muy largo, pero recortaba las facciones de su cara. Estaba cachonda, excitada y no paraba de mover la cabeza, morderse los labios y suspirar entre grito y grito.
    
    ―Joder no puedo más ahhh sigue joder… muévete rápido por favor…
    
    ―Ahhh me voy… siii
    
    No aguanté más y la inundé por dentro. Ella exhausta cayó al asiento de al lado mientras respiraba aceleradamente.
    
    Al quitarse de encima mía comprobé que estaba mojado. Una tremenda pringue de líquido chorreaba de mi entrepierna. Estaba claro que tanto ella como yo habíamos disfrutado y una de dos: o yo había tenido una corrida como nunca o ella había chorreado como jamás había visto en una mujer.
    
    La llevé a su casa y le conté por el camino que había sido fantástico. No entendía que alguien no pudiera desearla.
    
    Prometimos volver a vernos dos días después. Sería un sábado entero para los dos y significó un fin de semana ...