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La bibliotecaria y su secreto (1)
Fecha: 30/08/2026, Categorías: Sexo con Maduras Autor: Carloss, Fuente: CuentoRelatos
... Llevaba hecha la manicura y el color de uñas resaltaba un intenso rojo sangre. La gente pasaba de un lado a otro con sus carpetas, libros y otros enseres. Los asientos no dejaban de ser vaciados y ocupados por nuevos estudiantes. Era una de esas tardes de ebullición. Por un momento la perdí de vista entre tanta muchedumbre y cuando volví la vista a su mesa ya no estaba allí. Entre un grupo de chicas que ojeaba una de las enormes estanterías pude verla de nuevo. Había cogido un taburete para elevarse a las últimas baldas de la librería y se disponía a ordenar ciertos libros de filosofía. Llevaba un corpiño en cierto modo ajustado que mostraba un prominente busto y sus pantalones oscuros le quedaban holgados dejando caer las perneras hasta unos zapatos de tacón pequeño. Cuando pude fijarme mejor imaginé que debajo de aquellos pantalones se escondería un trasero voluminoso y unas anchas caderas. Su fisonomía así lo delataba. Tenía las piernas cortitas y su estatura era más bien bajita por lo que quizás aparentara mayor volumen del que tenía a primera vista. A mis 23 años y deseoso de sexo y con una imaginación desbordante, rápidamente me imaginé una sesión de sexo intenso con aquella menuda mujer de apariencia experta y algo antiguada. No dejaba de mirarla, poniéndose casi de puntillas para llegar lo más arriba del todo con un pesado libro y dejando al placer de la vista unas posaderas respingonas y apretadas. Ella por un momento se percató de la mirada indiscreta ...
... y, con una fugaz mirada, se cruzó con mis ojos. Al los pocos segundos volvió a sus quehaceres bajándose de la sillita. Se fue al fondo de otro pasillo caminando erguida. Su forma de andar era peculiar, sus pequeñas piernas le hacían dar zancadas muy cortas y los muslos apretados le hacían mover las caderas de forma graciosa. Ese día no le di mayor importancia a mi descubrimiento, pero tengo que reconocer a al volver a los pocos días volví a fijarme en aquella figura menuda. Cada día que pasaba por allí la veía más encantadora y sobre todo, deliciosamente apetecible. Así que decidí realizar un primer acercamiento. Al llegar a su mesa le pedí un libro de Derecho natural de una edición muy concreta. Ella levantó la vista y creo pensar que me reconoció. Imagino pensaría: ¡ya está aquí el pervertido éste!. Sin embargo, se levantó de si asiento ágilmente y con una sonrisa cortés me indicó que la siguiera. Yo la recorría con la mirada desde atrás mientras seguía sus pasos. Al llegar a una librería vio que el libro en cuestión estaba muy arriba, al igual que el primer día que la “descubrí”. Me dijo que esperara un momento. Llegó en seguida con el conocido taburete y se subió en él de forma decidida. Con las yemas de sus dedos buscaba entre tomo y tomo, pero casi le costaba dificultad llegar a ellos. En seguida y viéndola de puntillas, le puse una mano en la cadera y le mostré mi ayuda. No dejaba de mirar su tremendo culo mientras ella rechazaba mi cortesía y alcanzaba el ...