1. Carlos, Aníbal y Rafael, mis estudiantes sobresalientes 11


    Fecha: 31/08/2026, Categorías: Gays Autor: Anonimo, Fuente: SexoSinTabues30

    Me llamo Cristóbal, tengo 29 años, y muchos de los que me conocen piensan que soy mucho menor, que ando por los 20 recién. Mido 1.70, mi piel es clara, pero no soy blanco, tengo un buen físico; no hago mucho ejercicio, pero por mi trabajo ejecutivo siempre estuve bien cuidado. En abril se me dio la oportunidad de iniciar a trabajar como maestro.
    
    Luego de despedir a Carlos de aquella tarde, me quedé pensando en lo que había pasado con Aníbal, el riesgo que había tomado, pero valió la pena por cada segundo que estuvimos juntos. Logré hacerlo mío, el macho con el que había fantaseado tanto, el que me faltaba del trío con el que soñé desde el día que los vi por primera vez cuando ingresé como maestro, el más hermoso y viril de los tres, y no estaba equivocado; me lo demostró al final tomándome a la fuerza, invirtiendo los papeles, disfrutando el de mí, hundiendo su hombría sin consideración en busca de placer y nada más.
    
    Así empezó el feriado y, como muchos, aproveché para viajar al campo para pasar las fiestas en familia. Cuando regresé en Año Nuevo, ya había pasado la adrenalina del último día; me preocupó la reacción de Aníbal por lo que había hecho. Después de todo, era un chico de 17 años, que podía sentirse agredido por un profesor, pero no tenía más opción que aceptar lo que pase, sea bueno o malo.
    
    Llegó el lunes y tocaba ir a clases; se volvió a la rutina después de dos semanas. En la hora de descanso, como si el destino nos juntara, mientras disfrutaba de un ...
    ... jugo con sorbete en el bar, llega un grupo de chicos, entre ellos Aníbal y Rafael, quienes pidieron algo y se sentaron a esperar, quedando muy cerca de mí.
    
    —¿Qué tal, profe? —dijo Rafael, saludando con un trato muy formal. Aníbal, por su lado, permaneció callado; solo cruzamos miradas y nada más. Recibieron su pedido y se levantaron para volver por donde habían llegado. Rafael nuevamente se despide, pero esta vez Aníbal esperó que se alejara su amigo para decirme: «Te encanta chupar el palo». Dicho esto, siguió su camino, sin darme tiempo a reaccionar; solo pude ver que se alejaba.
    
    Al día siguiente me distraje viendo a los chicos de décimo que estaban jugando fútbol; los conocía puesto que les daba clases. Un grupito estaba sentado animándolos. Una de las niñas se acerca y me comparte galletas, las cuales acepté por cortesía. En eso siento que alguien se me acerca y me susurra: «Si quieres leche para esa galleta, me avisas». Era Aníbal, que de nuevo se insinuaba. Esta vez respondí: «Por lo que veo, no me puedes olvidar». Se hizo el desentendido y se marchó. Ahora yo debía avanzar. Caminé junto a él. «Si quieres repetir, por mí no hay problema», escuchó, pero no emitió comentario, solo siguió su camino.
    
    Llegó el jueves, mi día favorito; en mi hora libre, corrí a ver a mi trío. Esta vez llegué antes que ellos en mi afán de no perderme nada. Al par de minutos, sale el grupo a la cancha; quedé en medio de la estampida, sentí un golpe en mi trasero, más bien una nalgada. Me ...
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