1. Carlos, Aníbal y Rafael, mis estudiantes sobresalientes 11


    Fecha: 31/08/2026, Categorías: Gays Autor: Anonimo, Fuente: SexoSinTabues30

    ... ratos por metérmela toda. No me importaba nada, más que complacer a mi hombre. Me aferro a sus caderas; sin avisar, me toma por el cabello y simula cogerme. Siento como llega lo más profundo de mi garganta. Se da cuenta de que necesita su otra mano, opta por quitarse la camiseta, la cual terminó sobre la silla donde había estado sentado. Ahora, con las dos manos libres, me toma y continúa cogiendo mi boca; me dan arcadas, pero eso no le importa.
    
    Después de un rato de jugar con mi garganta, retrocede. Hijeputa, qué boquita tienes. Revuelve sus cabellos con sus manos, su abdomen se contrae con su respiración y su mástil late totalmente hinchado. Estuvo a punto de venirse. Un placer poder contemplarlo así, tan macho, tan viril, disfrutando y dejándome disfrutar de él. Ve que sus pantalones a media pierna le molestan, se quita un zapato como lo había hecho antes para liberarse una pierna, pero al final se lo quita del todo, quedando solo en medias y zapatos.
    
    Una parte de mi mente me quería hacer volver a la realidad: este loco ya se embolo aquí, estamos en el colegio, no en casa, es un menor y tú eres un profesor, pero no había tiempo de pensar. Aníbal se sienta, abre sus piernas y me llama a que le siga dando placer. Acudo enseguida, tomo mi lugar y empiezo a saborear cada rincón de su sexo, paso mi lengua por todo lado; no me importó su pelo, a pesar de no ser fanático de este.
    
    Ya, cómetelo, me ordena mi macho. Así lo hago; empiezo a hacerle el amor con mi boca. Me ...
    ... encantaba todo de él, su olor, su sabor, lo firme que estaba. Gemía con sus manos agarradas al asiento. —Qué rico, mamas cabrón, ninguna de las putas que he cogido me lo ha mamado así. —Se retorcía. —Me vas a hacer acabar, ahh, ahh. —Levantaba su pelvis como buscando penetrarme más. Cuando sentí que ya se iba a venir, dejé de complacerlo.
    
    —Cabrón, hijo de puta —dice entre gemidos—, ya me iba a venir. De nuevo me acerco y retomo mi tarea de complacerlo. Se retuerce, gime descontrolado por el placer que recibe. Mi boca es dueña de su verga, la succiona una y otra vez. Estaba al máximo, a punto de reventar. —Ahh, ahh, ya me vengo, cabrón —empieza a chillar—. Ahh, mi verga —decía al sentir cómo su leche recorría toda su herramienta para salir expulsada. Un primer chorro cae en su pecho; el resto lo retengo en mi boca y empiezo a tragarla hasta la última gota. Se retuerce de placer y me entregó todo; luego me levanté para lamer la leche que había escapado a su pecho y abdomen, pasé mi lengua recogiendo toda.
    
    Aníbal permaneció inmóvil, mirando al cielo. Continué mis lamidas y fui subiendo hasta su cuello, pero reacciona alejándome y poniéndose de pie: «No te pases, cabrón, solo me gusta que me la mames». Se cubría su miembro, recién deslechando que aún permanecía erecto. Una ligera capa de sudor cubría su cuerpo y lo hacía brillar. Qué delicia de macho, placía tenerlo así desnudo todo el día para contemplarlo: hermoso, grande, lleno de bello por todo lado. Me senté en el lugar ...