1. La finca.


    Fecha: 01/09/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30

    ... Conocía muy bien esos últimos frenéticos movimientos de él.
    
    También ella estaba prisionera de su orgasmo, la vi enterrar su cara en el heno para sofocar sus chillidos de espantoso placer. Con lágrimas que descendían por mis mejillas, miré a mamá anudada a la enorme polla de Kaiser. Ahora Kaiser luchaba por despegarse, su polla estaba a estrecho contacto con la panocha de mamá. Estaba por alejarme cuando escuché un profundo lamento que me obligo a seguir mirando. El perro había logrado voltearse y ahora estaba pegado con mamá, pero no con su sexo, su polla enorme de gruesa estaba en el culo de mi madre. ¡Cosas de loco! ¡No lo podía creer! ¡Mi santa madrecita! Mi estupor y fascinación fue tan grande, que caí arrodillada.
    
    Los quejidos y lamentos continuaban, el perro tiraba en la dirección opuesta y causaba un tremendo dolor a mi madre. Solo después de innumerables y dolorosos tentativos, la gorda y grande polla de Kaiser, monstruosamente engrosada salió del trasero de mamá dejándola sin fuerzas, exhausta caída sobre el heno del suelo.
    
    Estaba demasiado molesta y temerosa por lo que había visto y me alejé rápidamente. Durante el resto de la noche no pude dormir, jamás pensé que mi rival era mi madre. Mientras las imágenes rondaban en mi mente me preguntaba ¿cómo voy a volver a mirarla a la cara? Pero pensándolo mejor, de algún modo, era lo mismo que había hecho yo algunos días antes. Creo que no tenía motivos para criticarla.
    
    La mañana siguiente bajé a la cocina y no ...
    ... encontré a nadie. Fui a ver a mi madre en su habitación, ella estaba acostada.
    
    —Mamá … ¿Qué tienes? … ¿Te sucede algo? …
    
    —¡Oh! … No es nada … Solo un estirón que sufrí en mi espalda …
    
    —¿Necesitas algo? … ¿Te traigo alguna cosita? …
    
    —No …No te preocupes … Me levantaré más tarde …
    
    Lógicamente me hice la desentendida y la dejé reposar. Más que un estirón, fueron varios los tirones que le dio Kaiser tratando de liberarse de su culo apretado. Ciertamente que el dolor debe haber sido intenso para obligarla a estar en cama.
    
    Al día siguiente, todo pareció regresar a la normalidad. Mi madre parecía haberse recuperado de su mal y caminaba normalmente por la cocina charlando de esto y esto otro. De Kaiser, ni la sombra, parecía tragado por la tierra, no se había hecho ver por toda la mañana.
    
    Mientras desayunaba, observé el cuerpo de mamá, su figura era esbelta, todavía conservaba rasgos de juventud a su cuarenta y cinco años. De cuando papá había fallecido, no la había visto con nadie y ciertamente a esa edad, los estímulos sexuales estaban todavía muy vivos. Pero jamás la pensé haciendo lo que había hecho. Todavía me resultaba increíble que se haya hecho sodomizar por el perro y su monstruoso arnés, ya que a mí me había dejado muy adolorida de la vagina. Es probable que el perro la haya penetrado cuando su polla todavía no se engrosaba, sin imaginar cuanto iba a crecer después. Solo de ese modo lograba comprender el porqué de una acción tan loca.
    
    La contemplé, ...
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