1. La finca.


    Fecha: 01/09/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30

    ... vestía una falda holgada y una remera sin mangas que le dejaba parte de la espalda al descubierto. Algunos rasguños en su espalda me llamaron la atención. Yo sabía muy bien de que se trataban. Eran los arañazos de Kaiser.
    
    —Mami … ¿Qué te pasó en la espalda? …
    
    Tal vez no debería haberle hecho esta pregunta que sabía la iba a meter en embarazo, pero la rabia de haber descubierto que ella era mi rival fue más fuerte que yo, y después de todo, ¿ella no había hecho lo mismo conmigo?
    
    —¡Oh! … Nada de importante … Tuve que recuperar unas herramientas de debajo de los rosales …
    
    Me respondió girándose a lavar la vajilla. Yo creo que en ese preciso instante, tanto ella como yo comprendimos que conocíamos la una el secreto de la otra. Ambas sabíamos a ciencia cierta cual era el origen de nuestros rasguños. Nos dimos una última mirada cómplice y nos fuimos a nuestras labores acostumbradas.
    
    Todo lo que había sucedido me habían hecho postergar todo lo que tenía pensado de hacer con Kaiser. Llegó el sábado y vino Eva como de costumbre. Todo parecía normal. Ella se iba a encargar de tener a Kaiser limpio y bien alimentado.
    
    El perro había vuelto a ser más entusiasta y, mientras ella lo estaba lavando con la manguera del agua, el perro insistía en saltarle encima en el tentativo de derribarla y montarla. Ella reía divertida haciéndole el quite y continuaba a enjabonarlo con el guante de esponja. Los miré riendo de las locuras de esos juegos. Los masajes de esponja bajo la ...
    ... panza surtieron los efectos no deseados, Kaiser se estaba excitando y la puntita de su aguzada polla comenzó a hacerse notar. Eva me miró incómoda.
    
    —¡Mira qué cosota! …
    
    Me dijo riéndose como una boba y apuntando con su dedo la polla oscilante que yo conocía muy bien.
    
    —A este le gustaría mucho hacerme la fiesta …
    
    Agregó haciéndole el quite por enésima vez. El jueguito comenzó a molestarme, debería ser yo quien excitara a Kaiser para luego hacer lo que desde hace días estaba postergando, y no me gustaba ver a otra mujer incitándolo sexualmente.
    
    —Déjalo … No lo hagas sufrir …
    
    —Pero ¿qué dices? … A él le gusta …
    
    Respondió Eva sacudiendo el pene de Kaiser con su mano enguantada con el guante de esponja, luego agregó.
    
    —Espera … Ahora se lo voy a tocar … Veamos que sucede …
    
    Con la mano enguantada aferró delicadamente la verga canina que a este punto estaba gruesa y grande comenzando a menearlo hacia atrás y hacia adelante.
    
    —¿Te volviste loca? …
    
    Dije más que enojada por su descaro.
    
    —¡Detente! … Déjalo ya …
    
    Kaiser había comenzado a hacer un movimiento automático de follar con su polla tremendamente inflada y algunas gotitas en chorritos salían de su arnés. Pero Eva ya no me escuchaba, estaba embelesada a magrear la inmensa verga de Kaiser que parecía haberle crecido aún más en su jabonosa mano. Me vi obligada a tomarla de un brazo y recriminarla.
    
    —¿Acaso has enloquecido? … ¿Qué entiendes hacerle? …
    
    Se encogió de hombros y con una vocecita ronca ...
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