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La finca.
Fecha: 01/09/2026, Categorías: Zoofilia Autor: Juan Alberto, Fuente: SexoSinTabues30
... mientras volvía a llenar la bañera nuevamente, necesitaba relajarme y reflexionar sobre lo que me había sucedido. Ciertamente esta vivencia inesperada me tenía avergonzada y confusa por haberme dejado ir y haber gozado con la polla de Kaiser. Ni siquiera con mi novio había probado un placer tan intenso y salvaje. Sumergida en el agua tibia y perfumada con sales de baño, comencé poco a poco a recomponerme. Tenía muy claro que las manifestaciones de Kaiser no eran para nada normales, el episodio apenas acaecido era como la confirmación a mis pensamientos. Para comportarse así, debía haberlo ya aprendido en alguna parte. Inmediatamente mi pensamiento se fue a mí primo y su mujer; solo ellos podían haberlo habituado a este tipo de experiencia. Solo ahora me doy cuenta de que no era la falta de espacio o las vacaciones de verano lo que les preocupaba, la verdad es que después de disfrutarlo quien sabe cuánto. Sus manifestaciones se estaban volviendo incontrolables y vergonzosas, sobre todo cuando se sacaba de paseo al aire libre, y mucho menos en vacaciones. Su comportamiento habría revelado a terceros el uso poco ortodoxo del perro. Me puse la bata y me fui a saludar a mi madre; Kaiser no estaba por ninguna parte. —¡Hola, madre! … ¿Has visto a Kaiser? …—Pregunté lo más neutral posible. —Sí, me paso por delante como un cohete … Creo que se fue al granero … Me quité la bata para vestirme. —¡Santo cielo! … ¿Que sucedió a tu espalda? … La voz estridente de ...
... mi madre me tomó por sorpresa. Debido a los dolores en mi abusada vagina, me había olvidado totalmente de los rasguños que me había procurado Kaiser con sus zampas. —¡Oh, eso! … Me las hice mientras trasladaba algunas herramientas al garaje … Pero no me duele … No es nada … Dije ruborizándome completamente. Sé que mi respuesta no fue del todo convincente, pero mi madre no preguntó nada más, me miró de una extraña manera y se alejó. Estaba segura de que nunca hubiera imaginado como me infligí esos rasguños. ¡Qué estúpida que fui! Casi dejo que me descubran. ¿De Kaiser?, ni luces. Ningún rastro de este perro de mierda; solo a la hora de la comida lo vi aparecer, trotó tranquilo, como si nada, entró en la cocina hacia su escudilla a comer. Ese fin de semana llegó Eva, con ella pasábamos de alegría en alegría, era del tipo extrovertida, siempre contenta de la vida y nos contaba las cosas que le habían sucedido en la ciudad durante la semana. Kaiser como de costumbre le saltó encima apenas la vio, tratando de derribarla y subirse encima de ella, estuvo a punto de hacerla caer de rodillas. Nos reímos del asunto un tanto embarazoso, hasta ahora era su forma de saludar y dar la bienvenida, pero dentro de mí yo sabía muy bien cual era el objetivo de ese perro cachondo. Me estremecí de solo pensar a lo que me había sucedido a mí, pero en vez de disgusto, una extraña forma de excitación recorrió mi espina dorsal, partiendo de mi húmeda panocha. Además, todavía sentía en ...