1. Siempre en Marcha


    Fecha: 02/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Incesto Voyerismo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    A Samuel le llamaban Sami, iba en segundo año de medicina en la universidad, un joven de pocos amigos. No porque fuera tímido, sino porque nunca encontraba razones para quedarse. Siempre estaba en marcha. La pistola había aparecido en su vida de la forma en que muchas cosas lo hacían: por casualidad. No la compró ni la pidió, simplemente terminó en su mochila una tarde cualquiera, como si el destino hubiera decidido ponerla en su camino. Todo comenzó en el mercado del barrio, un sitio caótico donde su madre hacía las compras cada sábado. Sami había acompañado a su hermano menor, Mateo, de ocho años, mientras su madre regateaba por el precio de las frutas. Entre los puestos de dulces y juguetes baratos, Mateo encontró la pistola: negra, con detalles plateados y un peso engañoso que la hacía parecer real. Samuel tuvo una idea, de esas que pasan por la mente en pocos segundos y que, antes de que pudiera cuestionarla, ya había puesto en marcha. Aprovechó un momento de distracción de su madre y compró la pistola. No era cara, apenas un juguete de plástico pintado para parecer real, pero cuando la sostuvo en sus manos, sintió un extraño peso, como si llevara algo más que un simple objeto. Y allí estaba él, horas después, en su habitación, observando la pistolita bajo la tenue luz de su lámpara. Era tarde, todos en casa dormían… todos excepto él y su madre. Escuchó sus pasos en el pasillo, el sonido de sus tacones contra el suelo de madera. Rápidamente guardó la pistola en un ...
    ... cajón y apenas tuvo tiempo de girarse cuando la puerta se abrió. Su madre apareció en el umbral, vistiendo un vestido rojo demasiado corto y con un escote que apenas dejaba lugar a la imaginación. Samuel desvió la mirada, incómodo. No era la primera vez que la veía así, arreglada para salir a esas horas, pero eso no lo hacía menos extraño. —¿No puedes dormir? —preguntó ella, apoyándose contra el marco de la puerta. Él negó con la cabeza y forzó una sonrisa. —No tengo sueño. Ella suspiró y se arregló el cabello con los dedos. —No hagas ruido si vas a estar despierto. Que duermas, Sami. Samuel apretó los puños sobre la sábana. Odiaba ese tono, ese tono cortante que ponía punto final a todo antes siquiera de empezar. —Mamá… —insistió, con la voz baja pero firme—. No tienes que seguir haciendo esto. Ella se detuvo un instante, aún de espaldas. Sus hombros subieron y bajaron en un suspiro profundo antes de responder. —No vamos a tener esta conversación otra vez, Sami. —Su tono era seco, distante, como si ya estuviera cansada de la discusión antes de que realmente comenzara—. Tengo que irme. Samuel sintió que algo se le atoraba en la garganta. Sabía que no debía insistir, que cualquier intento de hacerla cambiar de opinión solo terminaría en una pelea o, peor aún, en el mismo silencio de siempre. La vio alejarse por el pasillo, los tacones resonando en la casa dormida. Él seguía allí, con la pistolita aún en su cajón y una sensación fría instalándose en su pecho. La madre de Samuel, ...
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