1. Siempre en Marcha


    Fecha: 02/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Incesto Voyerismo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... Lorena, pasó luego por las otras dos habitaciones. Primero se detuvo en la de Mateo y Sofía, los más pequeños. El niño dormía abrazado a su viejo oso de peluche, mientras que la niña estaba enredada en sus sábanas, respirando profundamente. Lorena los observó por un momento, con una expresión difícil de descifrar, y luego cerró la puerta con cuidado. Después caminó hasta la habitación de Andrea y Lucas, los mayores después de Samuel. Andrea dormía de lado, con los audífonos aún puestos. Lucas, en cambio, estaba boca abajo, con un brazo colgando de la cama. Lorena no dijo nada. Solo los miró, como si quisiera grabarse sus rostros antes de salir. Luego suspiró y siguió su camino. Abrió la puerta de la casa con cautela, bajó los escalones con pasos rápidos y se subió a su auto. Encendió el motor, echó un último vistazo a la casa en penumbras y, sin dudarlo más, se marchó. Samuel escuchó el motor del auto alejarse hasta que el sonido se perdió en la distancia. Se quedó quieto por unos segundos, sintiendo la respiración agitada en su pecho. Luego, sin dudarlo más, se puso de pie. Se vistió con un saco de capucha negra, metió la pistolita en la parte trasera de su pantalón y, cuidando de no hacer ruido, salió de casa. La noche estaba fría, pero él no lo sentía. Caminaba con pasos firmes, su mandíbula apretada, su expresión marcada por la furia. No dejaba de pensar en su madre. En el vestido rojo. En la forma en que había salido de casa, como si nada importara, como si aquello ...
    ... fuera normal. Apretó los puños dentro del saco y siguió caminando hasta el paradero de buses. Se detuvo bajo la luz amarillenta del poste y esperó en silencio. Al poco tiempo, llegó el bus que estaba esperando. Subió sin mirar al conductor, pagó el pasaje y avanzó hasta el fondo, donde se dejó caer en un asiento junto a la ventana. El reflejo en el vidrio le devolvió su propia mirada: fría, tensa, cargada de algo que ni él mismo sabía definir. Solo sabía que tenía que seguir en marcha. Casi una hora después, Samuel se puso de pie y anunció su parada con voz firme. Bajó del autobús en un paradero que quedaba justo sobre un puente, desde donde podía verse el río corriendo en la oscuridad. Era un sector alejado de la ciudad, un punto de entrada y salida donde los autos pasaban a gran velocidad sin detenerse demasiado. Solo unas pocas viviendas esparcidas a lo lejos proyectaban su luz en el paisaje, junto con las farolas de la amplia avenida. A pesar de la iluminación artificial, el aire era distinto allí, más denso, cargado de algo que no tenía nombre. Samuel no titubeó. Sabía a dónde debía dirigirse. Se ajustó la capucha y comenzó a caminar por un sendero paralelo al río. Con cada paso, el ambiente se volvía más hostil. Las casas empezaron a desaparecer, dejando espacio a estructuras más deterioradas, paredes cubiertas de grafitis y callejones oscuros. Se cruzó con algunas personas, muy pocas, pero todas le lanzaban miradas extrañas. No pertenecía a ese lugar, y ellos lo sabían. A ...
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