1. Siempre en Marcha


    Fecha: 02/09/2026, Categorías: Dominación / BDSM, Incesto Voyerismo Autor: Ericl, Fuente: SexoSinTabues30

    ... cruel. Los gorilas lo soltaron con un empujón y lo hicieron retroceder de vuelta a la habitación. Samuel sintió el impulso de lanzarse contra ese hombre en cuanto lo vio, pero se contuvo. Sabía que no ganaría nada así. El hombre totalmente desnudo, con una arrogancia grabada en su expresión. —He hablado con tu madre. —dijo, cruzando los brazos—. Me ha pedido que tenga piedad contigo. Samuel no dijo nada. No parpadeó siquiera. —Tu madre me gusta mucho, chico. Me gusta bastante. —prosiguió el hombre, con una sonrisa burlona—. Así que voy a concederle eso. A ella. Lo hago por ella. Lorena estaba de pie en una esquina de la habitación, con los brazos cruzados sobre su cuerpo, como si tratara de cubrirse de algo más que el frío. No miraba a Samuel. El hombre dio un par de pasos hacia él, acercándose con la misma calma con la que uno se acerca a un cachorro rabioso, seguro de que no representa una amenaza real. —Voy a explicarte algo. —dijo, y su tono cambió, se volvió más serio, más afilado. Samuel sintió su piel erizarse. —Tu madre me debe mucho dinero. El silencio en la habitación se hizo más pesado. Samuel sintió un latido furioso en sus sienes. —¿Sabes lo que pasa cuando alguien no paga lo que debe, chico? —continuó el hombre, inclinando la cabeza. No esperaba respuesta. —Así que dime, Samuel… —el hombre sonrió con burla— ¿puedo confiar en que no volverás a pisar este lugar? Samuel desvió la mirada hacia su madre. La furia ardiente que lo había llevado hasta allí se apagó un ...
    ... poco, dejando tras de sí una sensación más amarga: lástima. Lorena seguía sin mirarlo, sus brazos rodeaban sus tetas desde abajo, agrandándolas aún más, con la cabeza baja, como si quisiera desaparecer dentro de sí misma. Samuel apretó los dientes. Por primera vez en mucho tiempo, la vio de verdad. Vio su cansancio. Vio su miedo. Vio la desesperación detrás de cada decisión que había tomado. El hombre lo observaba con diversión, esperando su reacción, como si disfrutara verlo desmoronarse. Pero Samuel no se rompió. Inspiró hondo y exhaló lentamente. Samuel sintió que el suelo se le hundía bajo los pies. El hombre, aún con esa sonrisa burlona, se inclinó un poco hacia él. Su aliento apestaba a tabaco y licor caro. —¿De verdad creías que la vida es así de fácil, niño? —preguntó con sorna—. ¿Que la universidad, la casa, la comida en la mesa aparecían por arte de magia? Vamos, piénsalo un poco. Si tu madre no trabaja y tu padre se murió dejando puras deudas, ¿de dónde carajos crees que ha salido todo lo que tienes? Samuel apretó los puños. No quería creerlo. No podía. Pero cada palabra que aquel hombre soltaba hacía que todas las piezas cayeran en su lugar. El colegio privado, los gastos, la ropa que su madre siempre decía que “un amigo” le había regalado. Las noches en las que ella salía y volvía al amanecer, agotada, con el maquillaje corrido. Todo encajaba ahora con una precisión cruel. —Mira esa cara —se burló el hombre—. ¿No es hermoso cuando se te cae la venda de los ojos? ...
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