-
Compañeros - Capítulo 18: El extraño viaje
Fecha: 05/09/2026, Categorías: Grandes Relatos, Autor: nowbly, Fuente: TodoRelatos
... alrededor de un puerto diminuto. Parece sacado de una postal: fachadas en tonos melocotón, amarillo y rosa que abrazan la pequeña bahía, reflejándose en el agua cristalina. El sol de la tarde baña todo con una luz dorada que hace brillar las olas mansas. Miguel se queda embobado mirando el panorama desde la ventana del coche. Por un momento, se siente dentro de una película italiana de esas que Carlota le hizo ver alguna vez, con música de piano de fondo y todo ocurriendo en cámara lenta. Sin embargo, pronto aparta la vista del paisaje para fijarse en otra cosa: Carlota está mirando a Paolo disimuladamente. Sus ojos recorren la nuca y los hombros anchos del chófer, que desde su posición se ven aún más robustos. Miguel reconoce esa mirada en su novia —es sutil, pero la conoce—, y una pequeña punzada de celos le recorre el pecho. ¿En serio le está echando ojo a Paolo delante de mí?, piensa molesto. Intenta no hacer gestos, pero a su lado Carlota se muerde apenas el labio inferior antes de desviar la mirada hacia su propio móvil, como si nada. Miguel frunce el ceño y decide no decir nada en el coche. Respira hondo, sacudiendo la cabeza para quitarse esa tontería. “Va, seguro que solo está impresionada porque el tío es guapo,” se dice, “pero yo soy su novio.” Aun así, no puede evitar sentir cierto resquemor. Finalmente, el todoterreno sube por un camino flanqueado de cipreses y se detiene frente a una villa impresionante, de estilo mediterráneo clásico: muros encalados ...
... con contraventanas verdes, terrazas con arcos y buganvillas trepando por las columnas. Se nota que la casa es enorme, con varias plantas encaramadas en la ladera que mira al mar. Es el paraíso italiano hecho vivienda. Paolo aparca y se baja para abrirles la puerta. —Hemos llegado —anuncia. El aire huele a sal y a jazmín al bajar del coche. Miguel contempla la fachada de la villa con la boca ligeramente abierta. Nunca había estado en una casa tan lujosa. Carlota le aprieta la mano, emocionada de enseñarle por fin esa parte de su vida. En la entrada les recibe parte del servicio: una señora mayor, aparentemente el ama de llaves, y otra mujer más joven que podría ser cocinera o limpiadora. Hablan en italiano con Carlota, dándole la bienvenida con cariño; se nota que la conocen de antes. Carlota responde en italiano fluidamente, presentándoles a Miguel con orgullo: “Il mio ragazzo,” dice, y Miguel entiende esa palabra aunque no hable italiano: “mi novio”. Eso hace que el corazón de Miguel dé un vuelco de alegría. Entre mezclas de italiano y español, la ama de llaves le explica a Carlota que sus padres aún no han regresado, pero que llegarán a la hora de la cena. Mientras tanto, las habitaciones están preparadas para ambos. —Habitaciones… ¿en plural? —pregunta Miguel, algo sorprendido, en cuanto el personal se aleja. Carlota pone cara de circunstancias y susurra: —Lo siento, tenía que habértelo dicho. Mis padres son muy chapados a la antigua… Nos han puesto en ...