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La Mirada en el parque (lunes)
Fecha: 06/09/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos
La Mirada en el parque (lunes) Desde que me inicié sexualmente a muy temprana edad, aprendí lo que aquellos hombres buscaban en mí. Yo era un chico joven. Casi a las puertas de mis trece años. Marcado por mi apariencia, debido a mi retraso de mi pubertad, esa que nunca llegue a tener. Un problema con un cromosoma X adicional. Un síndrome de esos que no tienen cura. Marginado por mi aspecto y mi fisionomía andrógina, anhelaba socializar, pero ni mis compañeros ni cierto entorno parecían dispuestos a ayudar. Mostraban una empatía superficial, no lo que yo realmente necesitaba; sentía que otros decidían mi destino. Mi escape en aquel tiempo, no era otro que un parque cercano, a medio camino entre mi casa y el colegio. Yo me detenía unos días cuando iba al colegio, y en otras ocasiones, cuando iba de regresa a casa. Aquí en Sevilla, bajo el sol que a veces quemaba y otras acariciaba, ese era mi rincón. Allí me perdía, buscaba un lugar, un refugio donde pudiera estar a solas con mis pensamientos y mis revistas eróticas. Yo era un chico ingenuo e inocente, o al menos así lo explotaba. En ese sitio, me convertía en carne de cañón para hombres sedientos de saciar sus más bajos instintos. Me sentaba en uno de esos bancos, lugar oculto a miradas extrañas e inquietas. Buscaba quizá el roce casual de la soledad, el calor efímero de una charla sin compromiso con un desconocido. O quizás, sin buscarlo del todo, anhelando esa excitación prohibida que acechaba en el ...
... aire. La verdad es que, más allá de cualquier cosa que creyera desear, lo que encontraba sin quererlo era una especie de presa. Mis cazadores. Son individuos casi siempre maduros, hombres mayores casados en su mayoría, otros divorciados e incluso viudos. Hombres que suelen ser cincuentones, jubilados, pensionistas. Individuos que me ven, e intuyen que pueden sacar más de mí, ven a ese chico cuyas facciones me hacen deseable, con esos rasgos que me hacían diferente. Y que, a pesar de intuir mi edad, prohibitiva por ser posiblemente menor de edad, hacen caso omiso, y se acercan. Se me acercaban, buscando en mí un cuerpo joven, una fisionomía andrógina de la que disfrutar, una eterna juventud que creían encontrar en mí. Veían a ese chico con dudas, uno que no solía decir ‘no’ a la primera de cambio, porque la curiosidad les podía. Y con un ‘vale’, yo les daba pie para continuar ese acercamiento. Me abordaban. Se acercaban con una lentitud premeditada. Intentan entablar un diálogo, un tema cualquiera del cual pueda arrancarme esa continuidad e incluso una sonrisa. La base para insistir. Y una cosa llevaba a la otra. Una negativa con dudas era, para ellos, una clara invitación a seguir, un reto, no un rechazo. La conversación fluía sin prisa, porque las prisas eran malas. El intercambio se tornaba en charla, y, como tantas veces, acababa por acceder, permitiendo que se sentaran a mi lado. Y aunque no quiero entrar en su juego, me van engatusando, conversación que poco a ...