1. La Mirada en el parque (lunes)


    Fecha: 06/09/2026, Categorías: Gays Autor: Jhosua, Fuente: TodoRelatos

    ... decir. Mis experiencias diarias, comenzaría, como.
    
    El sol de Sevilla caía a plomo esa tarde, un calor pegajoso que se adhería a la piel. Me había escabullido a mi rincón habitual en el parque, ese que quedaba a medio camino entre el colegio y mi casa.
    
    Un seto tupido me ofrecía una intimidad ilusoria, un pequeño santuario donde podía ser yo mismo, lejos de las miradas de los que me hacían sentir diferente. Saqué mi revista del interior de una carpeta azul, sacándola de la maleta, las páginas crujieron suavemente al abrirlas, y la fantasía comenzó a desdibujar la realidad.
    
    Con precaución, mis dedos se deslizaron, el roce apenas perceptible bajo el tejido ligero de mi pantalón. La excitación crecía, un calor familiar que me hacía olvidar por un instante el bullying, la soledad, el hecho de ser un chico que no encajaba.
    
    Mis ojos fijos en las imágenes, esas chicas hermosas, esos cuerpos perfectos, algunos similares al mío. Mi aliento se aceleraba. Estaba tan absorto que la sombra que se proyectó a mi lado me sobresaltó.
    
    Levanté la vista de golpe, el rubor subiendo por mi cuello. Allí estaba, de pie, un hombre mayor, de esos que solían frecuentar el parque. Un jubilado, o quizás un pensionista, a juzgar por su ropa cómoda.
    
    Sus ojos, sin embargo, no eran los de un abuelo cualquiera. Había algo en ellos, una chispa, un reconocimiento de mi estado, una curiosidad que me heló y me encendió a la vez.
    
    No dijo nada de inmediato. Solo me miró, una mirada que me ...
    ... escudriñaba sin ser agresiva, pero sí increíblemente... atenta. Mi revista, aún abierta en mis manos temblorosas, parecía gritar lo que estaba haciendo.
    
    Sentí el pulso golpear en mis sienes. No sabía qué hacer, si esconderme, huir, o simplemente seguir allí, expuesto. Finalmente, una voz grave, pero sorprendentemente suave, rompió el silencio.
    
    ·“Bonito día para leer, ¿verdad?”.
    
    Exclamo, con una media sonrisa que no llegaba a sus ojos. Su mirada seguía fija en mí, y su voz no tenía ni una pizca de juicio, solo una especie de... invitación. No pude responder. Solo asentí, sintiendo cómo el calor se intensificaba, no solo por el sol.
    
    Él dio un paso más, acercándose, sin invadir del todo mi espacio, pero dejando claro que, ya no estábamos separados por el velo de mi secreto. Me sentí como un ciervo sorprendido, pero a la vez, una extraña curiosidad comenzaba a apoderarse de mí. Aquella curiosidad que siempre me traía problemas, la que me impedía decir ‘no’ del todo.
    
    Él no esperó respuesta. Sus ojos se desviaron hacia la revista, apenas un pestañeo, y luego volvieron a los míos. El mensaje era claro, lo había visto todo. Y no le importaba. De hecho, algo en su expresión sugería que le gustaba lo que había visto. Diciéndome.
    
    ·“¿Te importaría si me siento aquí un momento? Supongo que no esperas a nadie, y que el banco está libre”.
    
    Exclama, señalando a mi lado, ese banco de azulejos decorativos. Era una pregunta, pero no una petición. Era toda una declaración. Yo, con ...
«1234...»